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CURSO SOBRE ELEMENTALES

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LOS ELEMENTALES

 

FRANZ HARTTMANN

C.W. LEADBEATER

 

SEGUNDA EDICIÓN EN COLOMBIA

1988

 

 

PROLOGO

 

Por primera vez hemos reunido a dos grandes genios del esoterismo, quienes autorizados por su conciencia objetiva exponen esta bella escena natural, titulada «Los Elementales de la Naturaleza», sencillos e investigadores de esta época. Solo necesitamos intuir para percibir la esencia de estos elementales.

 

Todo el universo es una expresión de conciencia y por lo mismo hay en el mundo innumerables estados de voluntad consciente e inteligente, algunos con forma visible y otros invisible. Algunos sin forma, como corrientes de aire; otros indefinidos, como niebla o nubes; otros sólidos, como las rocas; algunos impermanentes; otros permanentes como las estrellas.

 

La existencia de estas criaturas elementales contradice la teoría de la ciencia moderna de que entre cuerpo y cuerpo en el espacio, sólo existe el vacío: el Esoterista consciente de la verdad sabe que este espacio está pobla­do por millonadas de criaturas elementales, ya sean del fuego, del aire, del agua, de la tierra o de otros elemen­tos desconocidos para el hombre moderno.

 

El Editor.

 

 

PARTE I

 

LOS ELEMENTALES

FRANZ HARTTMANN

 

La ortodoxia de la Edad Media consideraba a los ángeles, demonios y espíritus humanos desencarnados, como entidades personales invisibles. Personificaron a los poderes del bien y del mal, e hicieron de ellos caricaturas y monstruos que volaban de lugar a lugar, tratando de subyugar las almas de los hombres o de sujetarlos a su po­der. El gobierno de aquellos tiempos era oli­gárquico, y el pobre dependía de los favores del rico. El poder de la Iglesia era supremo, y los dictados del clero no toleraban la desobediencia. El servilismo y anhelo por favores personales estaban a la orden de aquel tiempo, y este estado de la mente influenció y modificó necesariamente las concepciones religiosas del pueblo. El Espíritu Supremo del Universo fue degradado a sus ojos como un tirano personal, y cuyo favor tra­taban de ganar por medio de penitencias, su­plicas, y por medio de la intercesión de los Sacerdotes, que se suponía eran sus favoritos. Todo lo que no podía ser reconciliado con las preocu­paciones y opiniones existentes, era atribuido al diablo; y los horrores de la Inquisición, las persecuciones religiosas y procesos de brujas, son bien conocidos para traerse a la memoria del lector.

 

“Pneuma”, o “Alma”, significa un espíritu semi-material, una esencia o forma que no es ni “material” en el sentido aceptado de la palabra, ni espíritu puro. Es (como todo lo demás en el universo) una forma de la voluntad, y puede tener una o ninguna inteligencia. Generalmente significa el eslabón que une el espíritu con el cuerpo: pero hay seres que pertenecen enteramente al reino del alma y no tienen cuerpos como los llamados comúnmente “materiales”.

     

Se puede decir que el alma es cierto estado de actividad de la voluntad, y lo mismo se puede decir del cuerpo físico, porque si consideramos al universo como siendo una manifestación de la voluntad en movimiento, entonces todas las formas y objetos que conocemos, o que podemos imaginar son determinadas vibraciones de la vol­untad. Así pues, podemos considerar a la na­turaleza física como constituida de un orden in­ferior de vibraciones, al alma como una octava superior de las mismas, y al espíritu como mas superior todavía. Si el cuerpo físico muere, la octava inferior deja de sonar, pero la superior continúa y continuará en vibración mientras esté en contacto con lo más elevado; pero si el espíritu se ha separado de ella, tarde o temprano cesará su actividad. Así pues, si el hombre mue­re, el alma sobrevive, y sus esencias superiores van a formar la sustancia del cuerpo del hombre paradisíaco, “el hombre del nuevo Olimpo” (Devachán), y las esencias inferiores del alma de la cual el espíritu se ha separado, se disuel­ven en los elementos astrales a que pertenecen, así como el cuerpo terrenal se disuelve en los ele­mentos de la tierra.

 

Esta disolución, sin embargo, no se verifica inmediatamente en el momento de la separación del alma del cuerpo, sino que puede necesitar largo tiempo. Lo que constituía la mente de un hombre (el astra) continua todavía existiendo después de la muerte del cuerpo aunque el as­trum no es la persona a que el astrum pertene­ció. Si un hombre ha sido veraz durante su vida, su espíritu será veraz después de la muerte del hombre. Si ha sido un gran astrónomo, un mago o alquimista, su espíritu será todavía lo mismo, y podernos aprender muchísimas cosas de tales espíritus; esas cosas son los restos de la mente que en un tiempo constituyeron el hombre terrenal (“Filos,” Tract, V,)

 

Hay dos muertes o dos separaciones. La se­paración del espíritu y alma del cuerpo y la separación del espíritu del alma; o, para expresarlo mas claro, la separación de lo espiritual del alma meramente intelectual y animal. Si una persona muere de muerte natural (esto es, de vejez) si sus pasiones han muerto durante la vida, si su voluntad egoísta se ha debilitado y su mente se ha hecho como la de un niño y si ha puesto su confianza en su padre, su espíritu y su alma al momento de la muerte serán libres de las ca­denas materiales y será atraído al cuerpo de Cristo.

 

Tal alma es la carne y Sangre de Cristo y Cristo es su Dueño. No entra en comunicación con los mortales, porque no desea nada terrenal, No “piensa” o especula acerca de las cosas terrenales, ni se apena por sus relaciones o amigos. Vive en un estado de pura sensación, dicha y gozo.

 

Tal es la suerte de los que mueren de muerte natural en Dios; pero las condiciones de los que mueren prematuramente sin ser regenerados, las de los suicidas o las de los que mueren a conse­cuencia de algún accidente difieren muchísimo; porque aunque sus almas han sido separadas por fuerza de sus cuerpos el espíritu no por esto deja necesariamente al alma, sino que puede per­manecer con ella hasta que otra separación se verifique. Permanecen en tales casos seres humanos como cualesquiera otros; sólo, con esta diferencia  que no poseen un cuerpo físico, y permanecen en tal estado hasta que llega el tiem­po cuando, según la ley de la Naturaleza y su propia predestinación (Karma), su muerte física debería haber llegado. Al terminar este tiempo se verifica la separación de sus principios inferiores y superiores. Mientras tanto viven en sus cuerpos astrales. Tales cuerpos son invisibles para nos­otros, pero son visibles entre ellos, y tienen sensación y facultades perceptivas, y ejecutan en sus pensamientos lo que tenían costumbre de ejecutar durante la vida y creen que lo están ejecutando físicamente. Permanecen todavía en la esfera de la tierra y Paracelso les llama Caballi, Lemures, etcétera. Están todavía en posesión completa de sus deseos terrenales y pasiones; tra­tan de satisfacerlas y son instintivamente atraídos hacia personas en quienes hallan deseos y pasiones correspondientes y a los lugares en donde pueden esperar satisfacerlas entrando en simpa­tía con los llamados médiums y son por lo mismo inclinados con frecuencia a instigar a tales médiums a que cometan crímenes e inmoralidades: no se puede evitar que lo hagan así, porque al perder sus cuerpos físicos han perdido también la suma necesaria de energía y poder de volun­tad para ejercer dominio propio y emplear sus facultades de raciocinio. Con frecuencia rondan los lugares donde acostumbraban pasar el tiempo durante la vida; de este modo tratan de ha­llar alivio a la sed devoradora que sienten por satisfacer sus deseos. A donde quiera que sus pensamientos les atraigan, allá irán. Si han cometido algún crimen pueden ser encadenados por el arrepentimiento al lugar en que fue per­petrado; si tienen un tesoro sepultado, el cui­dado de su dinero puede retenerlos allí; el odio o deseo de venganza puede encadenarlos a sus enemigos; el amor material puede convertir­los en vampiros y encadenarlos con el objeto de su pasión, con tal que haya algunos elementos en la victima que les den acceso, porque el cuerpo astral de una persona mala no puede in­fluenciar la mente de una persona pura ni du­rante la vida ni después de la muerte, a menos que estén en mutua relación por alguna seme­janza en sus organizaciones mentales.

Bajo ciertas circunstancias, tales entidades humanas pueden hacerse visibles o manifestar su presencia de alguna manera. Pueden aparecer en forma corporal o permanecer invisibles v producir sonidos y ruidos -como toques, risas, silbidos, estornudos, gemidos, suspiros, pa­sos, pataleos-; pueden arrojar piedras y mover los muebles u otros objetos, y todo esto lo pue­den hacer con el fin de llamar la atención de los vivos, a fin de que puedan obtener una oportu­nidad de entrar en comunicación con ellos.

 

Pero no todas las apariencias de Visitadores supramundanos o submundanos son causadas por las apariciones de los espectros o cuerpos astrales de los suicidas o victimas de accidentes, ni por los cadáveres astrales y el Evestra de los muertos, sino que hay otras entidades invisibles que pueden rondar las casas de los mortales, y pueden en ocasiones hacerse visibles y tangibles a los sentidos físicos, si existen las con­diciones necesarias para tal fin.

 

Una de estas clases la forman los seres lla­mados “fantasmata”. Estos seres semejantes a espectros son “espíritus nocturnos”, que tienen raciocinio semejante al del hombre. Tratan de apegarse a los hombres, especialmente a los que tienen muy poco poder de dominio propio, y a quienes pueden dominar. Hay muchísimas clases de estos espíritus, buenos lo mismo que ma­los y les gusta estar cerca del hombre. En esto son comparables a los perros que también gus­tan de la compañía de los hombres. Pero el hom­bre no puede aprovechar nada de su compañía. Son sombras vacías, y sólo un embarazo para él. Temen los corales rojos, como los perros temen a un látigo; pero los corales obscuros les atraen. (Herbarius Theophrasti: De Corallis.)

 

Algunos creen que tales espíritus pueden ser arrojados con agua bendita y quemando Incien­so; pero no se puede tener ninguna agua bendita mientras no se halle un hombre bastante santo para poder dotar al agua con un poder oculto, y el olor de Incienso puede mas bien atraer a los malos espíritus que arrojarlos  porque los malos espíritus son atraídos por las cosas que son atrac­tivas a sus sentidos, y si queremos arrojarlos se­ría mas racional emplear olores desagradables para este fin. El verdadero y efectivo poder con­tra todos los malos espíritus es la voluntad. Si amamos a la fuente de todo bien con todo nues­tro Corazón, mente y deseo podemos estar seguros de no caer nunca en poder del mal: pero las ceremonias sacerdotales  -el rociar agua, quemar Incienso y cantar encantamientos - son invenciones de la vanidad clerical, y por lo mismo tienen su origen en la fuente de todo mal. Las ceremonias han sido instituidas en su origen para dar una forma externa a un acto interno; pero donde el poder interno, para ejecutar tales actos, no existe, una ceremonia no será de ningún valer, sino sólo para atraer a los espíritus a quienes puede gustar burlarse de nuestra tontería. (“Fi­losofía Oculta”)

 

Otra clase consta de los Incubos y Súcubos, de los que hablan las tradiciones rabínicas de una manera alegórica como habiendo sido creados por el derrame del semen de Adán (el hom­bre animal) mientras se ocupaba de Lilith, su primera esposa (dando a entender una imaginación mórbida). Paracelso dice en su libro «De Origine Morborum lnvisibilium» lib. III: “La imaginación es la causa de los Incubos y Súcubos, y de la Larva fluídica. Los Incubos son seres masculinos y los Súcubos femeninos. Son el producto de una imaginación intensa y las­civa de los hombres y mujeres, y después que toman forma desaparecen. Son formados del Es­perma que se halla en la imaginación de los que cometen el pecado contra natura de Onán en pensamiento y acto. Viniendo, como viene, sólo de la imaginación, no es verdadero esperma, sino sólo una sal corrompida (esencia). Sólo una semilla que entra a los órganos que la Natura­leza suministra para su desarrollo puede desarro­llarse en un cuerpo. Si la semilla no es plantada en el suelo a propósito, se podriría. Si la esperma no cae en la matriz conveniente, no produciría nada bueno, sino algo inútil. Por lo mismo, los Incubos y Súcubos que se producen de la semilla corrompida, sin el orden natural de las cosas, son malos e inútiles, y Tomás de Aqui­no ha cometido un error tornando equivocada­mente tal cosa inútil por una “perfecta”.

 

Este esperma que viene de la imaginación, nace en Amore Hereos. Esto significa una clase de amor en que un hombre puede imaginarse una mujer, o una mujer un hombre, para ejecutar el acto connubial con la imagen creada en la esfera de la mente. De este acto resulta la expulsión de fluido etéreo inútil, impotente para engendrar un niño, pero capaz de producir Lar­va. Tal imaginación es madre de una impúdica lujuria, que  si continúa, puede hacer al hombre impotente y a la mujer estéril, porque mucho del poder verdadero creativo y formativo es per­dido por el ejercicio frecuente de esta mórbida imaginación, Esta es frecuentemente la causa de las molas, abortos, fracasos y malas formaciones. Este esperma corrompido puede ser tomado por los espíritus que vagan por la noche, que pueden llevarlo a un lugar donde pueden fecundarlo. Hay espíritus que pueden ejecutar un “actus” con él, como también lo pueden hacer las brujas, y, a consecuencia de este “actus”, pueden produ­cirse muchos monstruos curiosos de formas horribles. (“De Orig. Morb. Invis.”)

 

Si tales monstruos nacen de una imaginación consciente poderosa, la misma conciencia será creada también en ellos. Los espíritus de la noche pueden usar todo lo que nace de tal esperma según quieran, pero no pueden usar nada de carácter humano o que posea verdadero espíritu. “El amor erótico es un estado del cuerpo invisible y es causado por una imaginación  sobreexcitada estimulada a tal grado que arroja esperma, de la cual pueden resultar In­cubos y Súcubos. En el pollutionibus nocturnalis ordinarias, el cuerpo pierde esperma sin ningún esfuerzo de la imaginación y los espíritus de la noche no pueden por lo mismo usarla para sus fines.

 

Si las mujeres que han pasado de la Edad en que pueden concebir son impúdicas y de vivida imaginación, pueden también producir ta­les cosas. Si las personas de uno u otro sexo tienen deseos lujuriosos y una imaginación activa, o si se enamoran  apasionadamente de una persona del sexo opuesto, y no pueden obtener el objeto de su deseo y fantasía entonces un incubo o Súcubo puede tomar el lugar del objeto ausente, y de este modo los hechiceros pueden producir Súcubos y los brujas incubos. “Para impedir tan desgraciados sucesos, es necesario ser casto, honrado y puro en pensamiento y deseo y todo el que no pueda ser así debe casarse. La imaginación es un gran poder y si el mundo conociera las cosas extrañas que se pueden producir por el poder de la imaginación, las autoridades harían que todos los vagos se fueran a trabajar y a emplear su tiempo de alguna manera útil, y tendrían cuidado de los que no pueden gobernar su imaginación a fin de evitar que aconteciesen malos resultados. (“Morb. Invis. IV”)

 

El llamado Dragón es un ser invisible, que puede hacerse visible y aparecer en forma huma­na y cohabitar con brujas. Esto se verifica por medio del esperma que se pierde por los onanis­tas fornicadores y prostitutas, in acte venereo, y tales espíritus usan como cuerpo para obtener una forma humana, porque toda la for­ma humana se halla en germen en el esperma, y si estos espíritus usan el esperma de cierta perso­na es como si un hombre se pusiera el vestido de otro y entonces tienen la forma de esa perso­na y se le parecen en todas sus partes y detalles.  (“De Fertilitate” Trat. II.)

 

Otro monstruo horrible es el Basilisc, creado por a Sodomía, y también el Apis y Leo. Hay innumerables formas bastardas mitad hombre, mitad arañas o sapos etc., los cuales habitan el plano astral; pertenecen a la serpiente cuya cabeza tiene que ser aplastada por el pie de Cristo (“Fragm”).

 

Si estas formas son suficientes densas para hacerse visibles, aparecen como una sombra o niebla de color. No tienen vida propia, sino que la toman de la persona que les dio el ser, lo mis­mo que una sombra es producida por un cuerpo; ­y donde no hay cuerpo, no puede haber sombra ninguna. Con frecuencia son engendradas por idiotas, personas inmorales, depravadas o enfer­mizas, que llevan una vida irregular y solitaria, y que son adictas a malos hábitos. La coherencia de las  partículas que componen los cuerpos de estos seres no es muy fuerte, y temen al aire, la luz, el fuego, las puntas y armas. Son una especie de apéndice aéreo al cuerpo de sus padres y hay algunas veces tan intima relación entre ellos y el cuerpo de sus progenitores, que si se hace un daño a los primeros, puede transmitirse a los segundos. Son parásitos que extraen la vitalidad de las personas a quienes son extraídos, y pueden agotar la vitalidad de sus victimas muy pronto, si estas no son muy fuertes.

 

Algunos de estos seres influencian a los hombres según sus cualidades: los vigilan, au­mentan y excitan sus faltas, hallan excusas a sus errores, les hacen desear el éxito de sus ma­las acciones y gradualmente la imaginación en las operaciones de hechicería, algunas veces ha­cen predicciones falsas y dan oráculos erróneos. Si un hombre tiene una imaginación fuerte y mala, y quiere dañar a otro, estos seres están siempre prontos para ayudar en el cumplimien­to de su objeto. Estos seres pueden hacer que sus víctimas pierdan la razón, si son demasiado débiles para resistir a su influencia. Una per­sona sana y pura no puede ser obsesada por ellos, porque tal Larva sólo puede obrar en los hombres si éstos le dan lugar en sus mentes. Una mente sana es un castillo que no puede ser invadido sin la voluntad de su dueño; pero si se les permite entrar, excitan las pasiones de los hom­bres y mujeres, crean malos deseos en ellos, pro­ducen perversos pensamientos que obran dañosa­mente en el cerebro; aguzan el intelecto animal y sofocan el sentido moral. Los malos espíritus obsesan únicamente a los seres humanos en quie­nes la naturaleza animal prepondera. Las mentes que están iluminadas por el espíritu de verdad no pueden ser poseídas: sólo los que son habi­tualmente guiados por sus propios impulsos in­feriores pueden ser sujetados a su influencia. Los exorcismos y ceremonias son inútiles en tales ca­sos. La oración  y abstinencia de todos los pensamientos que pueden estimular la imagina­ción o excitar el cerebro son los únicos remedios verdaderos. (“De ente Spirituali”)

 

La cura de la obsesión es un acto puramente psíquico y moral. La persona obsesada debe hacer uso de la verdadera oración y abstinencia, y después de es­to, que una persona de fuerte voluntad quiera que tales espíritus se vayan. (“Filosofía Oculta”.)

 

La razón porque no podemos ver estas enti­dades astrales es porque son transparentes como el aire. No podemos ver el aire a menos que ha­gamos humo, y aun en ese caso no vemos el aire mismo sino el humo que es llevado por el aire. Pero podemos sentir el aire cuando se mueve, y podemos también en ocasiones sentir la presencia de tales entidades, si son bastante densas para ser sentidas, Además, el objeto de nuestros sentidos es percibir los objetos que existen en el plano para el cual esos sentidos están adaptados, y por lo mismo los sentidos físicos existen con el objeto de ver cosas físicas y los sentidos del hombre interior son para ver las cosas del alma, Cuando los sentidos externos están inactivos, los senti­dos interiores pueden despertar a la vida, y pode­mos ver los objetos del plano astral como vemos las cosas en un sueño. Hay también algunos ve­nenos por los cuales la actividad orgánica del cuerpo se puede suprimir por algún tiempo y la conciencia del hombre interior hacerse mas activa y la cual, por lo mismo, nos puede hacer ver las cosas del plano astral. Pero tales venenos des­truyen la razón y son muy dañosos para la salud. En las fiebres, delirios, etc. se pueden ver también estas cosas. Algunas de ellas pueden ser creaciones de la mente del paciente, otras pueden haber sido creadas por la imaginación mórbida de otra persona, como ya se dijo.

 

Pero si estas entidades son invisibles bajo condiciones normales para el ser humano pueden ser muy bien percibidas por un Elementario humano que exista conscientemente en su plano. Los caracteres humanos depravados pueden, des­pués de la muerte, tomar las formas de animales y monstruos a los que se parecieron por sus malos pensamientos. La forma es sólo una aparien­cia que representa un carácter y el carácter da impresión a la forma. Si el carácter de una per­sona es completamente malo, hará que la forma astral sea horrible. Por esta razón las almas de los depravados pueden aparecer en formas animales.

 

El espíritu puro no tiene forma: es sin forma como los rayos del sol. Pero así como éstos ha­cen que los elementos de la materia se desarro­llen en plantas, igualmente las sustancias del alma pueden convertirse en seres con formas, por medio de la acción de los rayos espirituales. Hay espíritus buenos y espíritus del mal; espíritus planetarios y ángeles, Hay los espíritus de los cuatro elementos y hay muchos miles de clases diferentes.

 

Cada niño al nacer, recibe un espíritu fami­liar o genio y estos espíritus instruyen algunas veces a sus discípulos aun desde su mas tierna edad. Muchas  veces les enseñan a hacer cosas muy extraordinarias. Hay en el universo un número  incalculable de tales genios y podemos aprender de ellos todos los misterios del Caos, a causa de que están en relación con el Misterio Magno. Estos espíritus familiares son llamados Flage.

 

Hay varias clases de Flage, y hay dos modos por los que podemos obtener conocimiento de ellos. Uno es haciéndose visibles para poder hablar con nosotros; el otro es ejerciendo una in­fluencia invisible en nuestra mente. El arte de la Nectromancia, hace que el hombre perciba cosas interiores y no hay misterio tocante al ser humano que no se pueda conocer por ese arte, y al Flage se le puede hacer que lo revele o por persuasión o por la fuerza de la voluntad por­que el Flage obedece a la voluntad del hombre por la misma razón que un soldado obedece la voluntad del que manda o un inferior obedece a su superior aunque este pueda ser físicamente mas fuerte que el primero. Se puede hacer que el Flage aparezca visiblemente en un espejo de Beryll, en un pedazo de carbón o un cristal etc, y no solo se puede ver al Flage sino también a la persona a quien pertenezca y todos sus secretos pueden ser conocidos. Y si no es posible hacerles que se aparezcan entonces tales secretos se pueden saber por comunicación de pensamiento o por signos, visiones alegóricas etc. Con la ayuda de estos Flages se pueden hallar tesoros ocultos y las cartas cerradas se pueden leer, a pesar de lo oculto que se hallen para la vista, porque la apertura de la vista interior quita el velo de la materia. Las cosas que han sido sepultadas se pueden hallar de este modo, las robadas reco­brarse, etc. El Flage puede revelarnos sus secretos tanto buenos como malos, en nuestros sueños. El que obtiene conocimiento del espíritu lo obtiene de su padre; el que conoce a los Elementales se conoce así mismo; el que comprende la naturaleza de los elementos sabe cómo está constituido el Microcosmos. Los Flages son los espíritus que instruyeron al género humano en las artes y ciencia en los tiempos antiguos y sin ellos no habría seguramente ni ciencia ni filosofía ninguna en el mundo.

 

En la práctica de la adivinación por sortile­gio, etc., el Flage guía la mano.  Tales artes no son ni de Dios ni del diablo sino son del Flage. Las ceremonias que de costumbre se usan en es­tas ocasiones son meras supersticiones, y han sido inventadas para dar a tales ocasiones un aire de solemnidad. Los que practican este arte ignoran ellos mismos con frecuencia las leyes que lo gobiernan y pueden atribuir los resultados obte­nidos a las ceremonias, y confunden errónea­mente sus supercherías con la cosa esencial.

 

Respecto a la confianza que se pueda tener en las revelaciones de los seres invisibles, Paracelso dice: “A los malos espíritus les gusta hacer caer a los hombres en error y por lo mismo sus pro­fecías son generalmente falsas y sus predicciones basadas en engaño. Dios hizo a los espíritus mu­dos para que no puedan decirlo todo tan clara­mente al hombre que éste no necesite usar su ra­zón para evitar cometer errores. Los espíritus no deben Instruir al hombre, pero no siempre obedecen ese mandato. Por esta razón con frecuen­cia guardan silencio cuando su informe es más necesario y muchas veces hablan falsedades cuando más importa saber la verdad”. Esta es la causa de que tantas cosas que han dicho los espíritus hayan sido mentiras o ilusiones y algunos espíritus mienten muchísimo más que otros. Pero puede suceder que tal vez de doce predicciones hechas por tales espíritus una accidentalmente salga cierta y en este caso los ignorantes no se fijarán en que las otras once fueron falsas, sino que estarán prontos para creer lo que tales espíritus puedan decir. “Estos espíritus enseñan con frecuencia a las personas que tratan con ellos a practicar ciertas ceremonias, a decir ciertas pala­bras y nombres en que no hay ninguna significación y todo esto lo hacen para divertirse, y tener algún pasatiempo a costa de las personas crédu­las. Rara vez son los que pretenden ser; aceptan nombres y uno usara el nombre de otro, o pue­den asumir la máscara y modo de obrar de otro. Si una persona tiene tal espíritu que pertenezca a una clase mejor, puede ser un buen decidor de la buenaventura; pero el que tiene un espíritu mentiroso no oirá sino mentiras y en general, todos estos espíritus en su clase se sobrepasan mutuamente en engaños y mentiras. (“Filosofía Sagaz”).

 

El hombre es un instrumento por el cual los tres mundos - el espiritual, el astral y el Elementario - están obrando. En él hay seres de todos estos mundos, racionales y no racionales, criatu­ras inteligentes y en inteligencia. Una persona sin conocimiento ni gobierno propio, obra im­pulsado según la voluntad de estas criaturas; pe­ro el verdadero filósofo obra conforme a la voluntad del Supremo Ser, el Creador, que está en él. Si los amos a quienes el hombre obedece son locos, ellos, sus siervos, también obrarán locamente. Es cierto que cada uno cree que él es el amo y señor y que hace lo que quiere, pero no ve al engañador que esta dentro de él, el cual es su amo, y en quien él mismo viene a ser un en­gañado. (”De Meteoris.”)

 

Hay otra clase de espíritus, los Sagane o Espíritus Elementales de la Naturaleza. Paracelso dice tocante a sus cuerpos lo siguiente: “Hay dos clases de carne, una que viene de Adán y otra que no viene de Adán. La primera es material y grosera, visible y tangible para nosotros: la otra no es tangible y no está hecha de tierra. Si un hombre que desciende de Adán, quiere pasar por una pared, tiene primero que hacer un agu­jero en ella; pero un ser que no desciende de Adán, no necesita  hacer ningún agujero o puer­ta, sino que puede pasar por la materia que nos parece sólida, sin causarle ningún daño. Los seres que no han descendido de Adán, lo mismo que los que de él han descendido, están organizados y tienen cuerpos substanciales: pero hay tanta diferencia entre la sustancia que compone sus cuerpos, como la que hay entre la Materia y el Espíritu. Sin embargo, los Elementales no son espíritus, porque tienen carne, sangre y huesos; viven y propagan su especie, comen y hablan, obran y duermen, etcétera, y por consiguiente no pueden propiamente ser llamados “espíritus”. Son seres que ocupan un lugar entre los hom­bres y los espíritus, pareciéndose a los hombres y mujeres en su organización y forma y parecién­dose a los espíritus en la rapidez de su locomo­ción. Son seres intermediarios, o Composita, for­mados de dos partes en una, lo mismo que dos colores mezclados parecerán como un color, no pareciéndose a ninguno de los dos originales. Los Elementales no tienen principios superiores, por lo mismo no son inmortales y cuando mueren, perecen como los animales. Ni el agua ni el fuego puede dañarles, y no pueden ser encerrados en nuestras prisiones materiales. Están, sin embar­go sujetos a enfermedades. Sus costumbres, acciones formas, maneras de hablar, etc., no son muy diferentes a las de los seres humanos: pero hay muchísimas variedades, Tienen sólo intelect­o animal y son incapaces de desarrollo espiritual. (“Lib. Filos,” II,)

 

Estos espíritus de la naturaleza no son animales; tienen razón y lenguaje como el hombre; tienen mente, pero no alma espiritual. Esto pue­de parecer extraño e increíble: pero las posibili­dades de la naturaleza no están limitadas por el conocimiento que el hombre tiene de ellas, y la sabiduría de Dios es insondable. Tienen hijos, y éstos son como ellos. El hombre está hecho a la imagen de Dios, y se puede decir que ellos están hechos a la imagen del hombre pero el hombre no es Dios, y los espíritus elementales de la naturaleza no son seres humanos, aunque se parecen al hombre pueden enfermar y mueren como animales. Sus costumbres se parecen a las de los hombres, trabajan y duermen, comen, be­ben y hacen sus vestidos, y así como el hombre está más cerca de Dios así ellos están más cerca del hombre. (“Lib. Filos” II).

 

Viven en los cuatro elementos; las Ninfas en el agua, Las Sílfides en el aire, los Pigmeos en la tierra, y las Salamandras en el fuego. Son lla­mados también  Ondinas,  Silvestres, Gnomos, Vulcanos, etc. Cada especie se mueve únicamente en el elemento a que pertenece y ninguno de ellos puede salir de su elemento propio, que es para ellos como el aire para nosotros, o el agua para los peces y ninguno de ellos puede vivir en el elemento que pertenece a otra clase. Para cada ser elemental, el elemento en que vive es trans­parente, invisible y respirable, como la atmósfera lo es para nosotros.

 

Las cuatro clases de espíritus de la naturaleza no se relacionan entre sí; los Gnomos no se co­munican con las Ondinas o Salamandras ni los Silvestres con ninguna de aquellas. Así como los peces viven en el agua que es su elemento, así cada ser vive en su propio elemento. Por ejemplo, el elemento en que el hombre respira y vive es el aire: pero para las Ondinas el agua es lo que el aire para nosotros, y si nos sorprendernos de que estén en el agua, también ellas se pueden sorprender de que estemos en el aire. Así pues, el elemento de los Gnomos es la tierra y pasan por las rocas, paredes y piedras como un espíritu, porque tales cosas no son para ellos más gran­des obstáculos de lo que el aire es para nosotros. En el mismo sentido el fuego es el aire en que las Salamandras viven; pero los Silvestres o Sílfides, son los que están en más cercana re­lación con nosotros; porque viven en el aire co­mo nosotros, se ahogarían si estuviesen bajo el agua se sofocarían en la tierra y se quemarían en el fuego porque cada ser pertenece a su propio Caos y muere si es transportado a Otro. Si ese Caos es denso los seres que viven en él son suti­les y si el Caos es sutil los seres son densos. Por lo mismo tenemos cuerpos densos para que poda­mos pasar por el aire sin impedimento y los Gnomos tienen formas sutiles, para que puedan pasar por las rocas. Los hombres tienen sus jefes y autoridades las abejas y hormigas sus reinas los gansos y otros animales sus guías también y lo mismo los espíritus de la naturaleza; pero los espíritus de la naturaleza lo preparan por sí mismos. La omnipotencia de Dios no está limi­tada a cuidar sólo al hombre sino que se extien­de a cuidar también de los espíritus de la natu­raleza y de muchas otras cosas de que los hom­bres no saben nada. Todos estos seres ven el sol y el firmamento lo mismo que nosotros porque cada elemento es transparente para los que viven en él. Así pues el sol brilla a través de las rocas para los Gnomos y el agua no impide a las Ondinas ver el sol y las estrellas; tienen sus pri­maveras e inviernos y su “tierra” les produce frutos porque cada ser vive del elemento de que ha brotado. (“Lib. Filos”. II.)

 

Con respecto a la personalidad de los Elementales, se puede decir que los que pertenecen al elemento del agua se parecen a los seres humanos de ambos sexos, los del aire son más grandes y más fuertes; Las Salamandras son largas delgadas y secas; los Pigmeos o Gnomos son de dos palmos de estatura pero pueden ex­tender o alargar su forma basta que parezcan como gigantes. Los elementales del aire y el agua, las Sílfides y Ninfas son de bondadosa disposición para con el hombre: las Salamandras no se les pueden asociar a causa de la naturaleza Ígnea del elemento  en que viven y los Pigmeos son generalmente de naturaleza maliciosa. Estos construyen casas, bóvedas y edificios de extraño aspecto con ciertas sustancias semi-materiales desconocidas para nosotros. Tienen una clase de alabastro, mármol, cemento, etcétera: pero estas sustancias son tan diferentes de las nuestras como la tela de una araña es diferente de nuestro lino. Las Ninfas tienen sus residencias y palacios en el agua; las Sílfides y Salamandras no tienen moradas fijas. En general, los Elementales abo­rrecen a las personas presuntuosas y obstinadas, tales como los dogmáticos, científicos, borrachos y glotones, lo mismo que a los pendencieros y gentes vulgares de todas clases: pero aman a los hombres  naturales que tienen mente sencilla y son como los niños, inocentes y sinceros;  mien­tras menos vanidad e hipocresía haya en el hom­bre más fácil les será acercarse a él; pero si es lo contrario, son tan reservados y huraños como los animales silvestres.

 

El hombre vive en los elementos exteriores y los Elementales en los interiores. Tienen habita­ciones y vestido, métodos y costumbres, lenguaje y gobierno propios, en el mismo sentido que las abejas tienen sus reinas y los rebaños de anima­les su jefe. Algunas veces se les ve bajo diversas formas. Las Salamandras han sido vistas como bolas o lenguas de fuego corriendo en los cam­pos o apareciendo en las casas. Ha habido ca­sos en que las Ninfas han adoptado la forma hu­mana, vestido y maneras y han entrado en unión con el hombre. Hay cierras localidades en que gran numero de Elementales viven juntos, y ha ocurrido que un hombre haya sido admitido en su comunidad y haya vivido con ellos por algún tiempo y que se hayan hecho visibles y tangibles para él.

 

Los ángeles son invisibles para nosotros; pero sin embargo un ángel puede aparecer a nues­tra vista espiritual, e igualmente el hombre es invisible a los espíritus de la naturaleza y lo que las Ondinas saben de nosotros es para ellas simplemente lo que los cuentos de duendes son para nosotros. Las Ondinas se aparecen al hombre, pero no el hombre a ellas. El hombre es denso en el cuerpo y sutil en el Caos por lo mismo ellas pueden entrar en su Caos (plano astral) y aparecérsele, permanecer con él casarse y con­cebir hijos de él. Así pues una Ondina puede casarse con un hombre, hacerle casa y sus hijos serán seres humanos y no Ondinas, porque re­ciben un alma humana del hombre, y además la Ondina misma recibe por esto el germen de la inmortalidad. El hombre está ligado a Dios por medio de su alma espiritual, y si una Ondina se une al hombre, vendrá a ser por esto ligada a Dios, Así como una Ondina sin su unión con el hombre muere como un animal, igualmente el hombre es como un animal si destruye su unión con Dios.

 

Por lo mismo las Ninfas están ansiosas de unirse con el hombre, procuran hacerse inmor­tales por medio de él. Tienen mente e intelecto como el hombre, pero no el alma inmortal, como la que hemos obtenido por el Cristo. Pero los espíritus de la tierra, el aire y el fuego, rara vez se casan con un ser humano. Pueden, sin embargo, apegársele y entrar a su servicio. No se debe suponer que son nada aéreo o simplemente espectros o apariencias; son de carne y sangre, sólo que más sutiles que el hombre (esto es, de la sustancia de la mente.)

 

Las Ninfas algunas veces salen del agua y se las puede ver sentadas en la orilla cerca de donde viven, y lo mismo que los Gnomos tienen un lenguaje como el hombre; pero los espíritus de los bosques son más huraños y no hablan nada, aunque pueden hablar y son muy hábiles, las Ninfas aparecen con forma humana y vestido; pero los espíritus del fuego son de forma ígnea. Usualmente no se hallan en compañía de los hombres, pero cohabitan con viejas, tales como las brujas, que algunas veces son obsesadas por el diablo. Sí un hombre tiene una Ninfa por esposa, cuídese de no ofenderla mientras está cerca del agua, pues en tal caso volverá a su elemento;  y si alguno tiene un Gnomo por criado, séale fiel porque cada uno tiene que ser obediente para con el otro; si cumplís vuestro deber para con él, él lo cumplirá con vosotros. Todo esto está en el orden divino de las cosas y será manifiesto a su debido tiempo; de modo que entonces podremos ver lo que ahora parece casi increíble. (“Lib. Filos”.II.)

 

En las leyendas de los santos se hace alusión a los Espíritus Elementales de la Naturaleza lla­mándolos muchas veces “diablos”, nombre que no merecen; porque hay Elementales buenos tan­to como malos: pero aunque pueden ser muy egoístas, no han desarrollado ningún amor por el mal absoluto porque sólo tienen almas mortales, pero no esencia espiritual que los haga inmortales.

 

Además de las almas astrales que hay en el hombre de los espíritus Elementales de la natu­raleza, hay otros muchos espíritus nacidos den­tro del alma madre (la voluntad e imaginación de la naturaleza) y así como la mente del hombre puede crear monstruos, y el hombre puede pintar sus imágenes en el lienzo, o esculpirlas en piedra o madera, igualmente el poder universal de la voluntad crea monstruos en la luz astral, y pueden arrojar sus sombras en el mundo físico de las apariencias, haciéndose objetivas en cuerpos sobre la tierra. Algunas de ellas son de corta vida y otras vivirán basta el día de la di­solución de todas las cosas. Todos sabemos que un hombre puede cambiar su carácter en el curso de su vida, de modo que al fin llegue a ser una persona muy diferente de lo que era antes: y así toda criatura que tenga voluntad puede cambiar y hacerse sobrenatural o contranatural, esto es, diferente de lo que normalmente pertenece a su naturaleza. Muchas de las lumbreras de la igle­sia, que ahora se pavonean llenas de joyas y diamantes, parecerán dragones y gusanos cuando el cuerpo humano en que están ahora enmascarados haya desaparecido cuando llegue la muerte. (“Lib. Filos,” IV.)

 

Hay también Sirenas; pero es simplemente una clase de peces monstruos; pero hay  dos clases más de espíritus, relacionados con las Ninfas y Pigmeos, a saber: los Gigantes y los Enanos. Esto no puede ser creído, pero debe recordarse que el principio del conocimiento divino es que la luz de la naturaleza ilumine al hombre y que por esta luz conozca todas las cosas de la natu­raleza, por medio de la luz  del hombre interior. Los Gigantes y Enanos son monstruos, estando en relación con los Silvestres y Gnomos en el mismo sentido que las Sirenas están relacionadas con las Ondinas. No tienen alma (espiritual), y pueden mejor ser comparados a monos, que a seres humanos. Estos espíritus son con frecuencia los guardianes de los tesoros ocultos. 

 

Tales cosas pueden ser negadas por el sabio mundanal; pero al fin del mundo, cuando todas las cosas serán reveladas, entonces también se verán avergonzados y corridos los llamados “doctores” yprofesores”, que fueron grandes en su ignorancia: entonces se vera quienes fue­ron los verdaderamente instruidos en el funda­mento de la naturaleza, y cuáles los instruidos simplemente en charla vacía. Entonces conocere­mos a los que han escrito conforme a la verdad y los que han enseñado según su fantasía: y cada uno recibirá lo que merezca. No habrá entonces doctores ni magistrados y los que están haciendo ahora mucho ruido estarán entonces muy callados, pero los que hubieren recibido la verdadera inteligencia serán felices. Por lo mismo recomiendo que mis escritos sean juzgados en aquel tiempo cuando todas las cosas se manifestarán y cuando cada uno verá la luz como le fue revelada.

 

Los malos espíritus son, por decirlo así, los alguaciles y ejecutores de Dios (la ley). Han sido producidos por las influencias del mal y siguen su destino. Pero el vulgo tiene una estima demasiado elevada de sus poderes, especialmente del poder del diablo. El diablo no tiene bastante poder para remendar ollas viejas, y mucho me­nos para enriquecer a un hombre. Él - o ello - es la cosa más pobre que puede hallarse en los cuatro elementos. Hay muchísimas invenciones, ciencias y artes que se atribuyen a la agencia del diablo (personal); pero antes que el mundo sea mas viejo, se hallará que el diablo nada tiene que ver con estas cosas, que el diablo es nada y no sabe nada y que estas cosas son el re­sultado de causas naturales. La verdadera ciencia puede hacer muchísimo; la Sabiduría Eterna de la existencia de toda las cosas es sin tiempo, sin principio y sin fin. Las cosas que son consideradas ahora como imposibles se realizaran y lo que es mirado como una superstición en nuestro siglo, será la base de la ciencia aprobada del siguiente.  (“Filosofía Oculta”).

PARTE II

 

UNA EVOLUCIÓN APARTE

C. W. LEADBEATER

 

Aunque con ciertas restricciones, ejercen grande influencia los espíritus de la naturaleza a quienes debemos considerar como los habitantes autócto­nos de la tierra, expulsados de diversas partes de ella por la invasión del hombre, análogamente a lo ocurrido con los animales salvajes. De la propia suerte que estos, los espíritus de la naturaleza, evitan por completo las ciudades populosas y todo lugar en que se reúnen muchedumbres humanas, por lo que allí apenas se nota su influencia.

 

Pero en los tranquilos parajes rurales, en bosques y campos, en las montañas y en  alta mar, están siempre presentes los espíritus de la naturaleza, su influencia es poderosa y omnipenetrante, de la propia manera que el perfume de la violeta embalsama el ambiente aunque se oculte entre la hierba.

 

Los espíritus de la naturaleza constituyen una evolución aparte, completamente distinta hoy por hoy de la evolución humana. Todos estamos familiarizados con la trayectoria de la segunda Oleada de Vida a través de los tres reinos elementales hasta llegar al mineral, del que asciende por el vegetal y el animal para alcanzar la individualidad en el nivel humano. También sabemos que una vez lograda esta individualización, el progreso dela humanidad nos lleva gradualmente a las etapas del Sendero y después en progresión ascendente al Adepto y a las gloriosas posibilidades de un mas allá.

 

Esta es nuestra línea de desenvolvimiento, pero no hemos de incurrir en el error de creer que es la única. Aun en este nuestro mundo, la vida divina fluye impelentemente por diversas corrientes, de las cuales la nuestra es tan sólo una, y en modo alguno la más importante en orden. Comprenderemos esto mejor, recordando que la humanidad en su mani­festación física ocupa solamente una pequeña parte de la superficie terrestre, mientras que hay enti­dades situadas en el correspondiente  nivel de otras líneas de evolución, que no solo pueblan la tierra más densamente que el hombre, sino que además moran en la dilatadísima planicie del mar y los campos del aire.

 

Líneas de evolución. -En la presente etapa ve­mos que las diversas corrientes a que hemos aludido fluyen paralelamente, aunque por de pronto de todo punto distintas. Por ejemplo, los espíritus de la naturaleza no han sido ni serán nunca individuos de una humanidad como la nuestra; y sin embargo, la vida que en ellos mora dimana del mismo Logos solar de que dimana la nuestra y a Él volverá como la nuestra. Hasta llegar al nivel mineral, las corrien­tes pueden considerarse paralelas; pero tan pronto como al transponer el punto de conversión suben por el arco ascendente, aparece la divergencia. La etapa mineral es, por supuesto, aquella en que la Vida esta más profundamente sumida en la materia física; pero si bien algunas corrientes retienen formas físicas en las diversas etapas ulteriores de su desenvolvimiento, haciéndolas según adelantan, mas a propósito para la manifestación de su vida interna, hay otras corrientes que desde luego desechan la materia densa y durante el resto de su desenvolvimiento en este mundo usan cuerpos constituidos exclusivamente por materia etérea.

 

Así una de dichas corrientes o colectividad de entidades, luego de pasar por la etapa mineral, no se transporta al reino vegetal, sino que toma vehículos de materia etérea para morar en el interior de la corteza terrestre y en el seno de las compactas rocas.

 

Muchos estudiantes no aciertan a comprender como es posible que haya seres vivientes que moren en el seno de las rocas o en el interior de la corteza terrestre. Sin embargo los seres dotados de vehícu­los etéreos no tropiezan con la más leve dificultad para moverse, ver y oír en la masa de la roca, por que la materia física sólida es su natural ambiente y su peculiar habitación, la única a que están acos­tumbrados  y en la que se encuentran como en su propia casa. No es fácil formar exacto concepto de estos vagos seres inferiores que actúan en amorfos vehículos etéreos; pero poco a poco van evolucionando hasta llegar a una etapa en que si bien habitan todavía en el seno de las rocas compactas, se acercan mas a la superficie de la tierra en vez de enmadrigarse en lo más hondo de la corteza; y los más evolucionados de entre ellos son capaces de mostrarse eventualmente al aire libre durante un corto tiempo.

 

A estos seres se les ha visto y mas frecuentemente oído en las cavernas y minas. La literatura me­dieval les dio el nombre de gnomos. En las condi­ciones ordinarias no es visible a los ojos físicos la etérea materia de sus cuerpos, por lo que cuando se muestran visiblemente es porque se han revestido de un velo de materia física, o quien los ve ha excitado su perceptibilidad sensoria hasta el punto de afectarle las ondas vibratorias de los éteres superiores y ver así lo que normalmente no percibe.

 

No es rara ni difícil de lograr la temporánea excitación de la facultad visual que se necesita para percibir a los espíritus de la naturaleza y por otra parte, la materialización es cosa fácil para seres situados muy cerca de los limites de la visibilidad. Así es que se les podría ver con mayor frecuencia de la que se ve, a no ser por su arraigada repugnancia a la vecindad de los hombres.

En la siguiente etapa de su evolución se convier­ten en hadas, que suelen morar como nosotros en la superficie de la tierra, aunque todavía con cuerpo etéreo. Después de esta etapa pasan a ser espíritus aéreos en el reino de los Devas o ángeles, según explicaremos mas adelante.

 

La oleada de vida en el reino mineral no sólo se manifiesta por medio de las rocas que constituyen la corteza terrestre, sino también por medio de las aguas oceánicas, y así como las rocas dejan pasar a su través las inferiores formas etéreas, todavía des­conocidas para el hombre, que moran en el interior del globo terráqueo, asimismo las aguas dan paso a otras inferiores formas etéreas que tienen su mora­da en las profundidades del mar. En este caso, también la siguiente etapa de evolución nos ofrece for­mas mas definidas, aunque todavía etéreas  que moran entre dos aguas y muy raras veces se muestran en la superficie. La tercera etapa (correspondiente a la de las hadas en los espíritus terrestres) nos da la enorme hueste de espíritus acuáticos que con su juguetona vida pueblan las dilatadas llanuras del océano.

 

Las entidades que siguen estas líneas de evolución, toman cuerpos de materia exclusivamente etérea y no entran en los reinos vegetal, animal y humano; pero hay otros espíritus de la naturaleza que antes de su diversión pasan por los reinos vege­tal y animal. Así en el océano hay una corriente de vida cuyas mónadas al salir del reino mineral, entran en el vegetal en forma de algas, y luego pasan por los corales esponjas y los enormes cefalópodos de entre dos aguas, para después emparentar con los peces y convertirse mas tarde en espíritus acuáticos.

 

Estas entidades conservan el denso vehículo físico hasta muy alto nivel; y de la propia manera ob­servamos que las hadas terrestres no sólo proceden de las filas de los gnomos, sino también de las capas inferiores del reino animal, pues hay una línea de evolución que roza ligeramente el reino vegetal en forma de hongos, y después pasa por las bacterias y animálculos de diversas especies a los insectos y reptiles, para ascender al hermoso orden zoológico de las aves, de donde al cabo de muchas encarnaciones ornitológicas entra en la todavía más bella comunidad de las hadas.

 

Hay otra línea de evolución que proviene del reino vegetal, donde asume la forma de hierbas y gramíneas, después toma en el reino animal la de hormigas y abejas, hasta convertirse por fin en seres etéreos que, análogos a las abejas, zumban y revolotean en torno de plantas y flores, en la producción de cuyas numerosas variedades influyen notablemente hasta el punto de servir de auxilio sus funciones para la especialización y cultivo de los vegetales.

 

Sin embargo, conviene distinguirlos cuidadosa­mente para evitar confusiones. Los diminutos seres que cuidan de las flores, pueden dividirse en dos grandes clases con numerosas variedades en ambas. La primera clase son los elementos propiamente dichos, porque no obstante su belleza, son tan solo formas mentales y en modo alguno seres vivientes. Más bien cupiera decir que son criaturas de vida temporánea, pues si bien activísimos y muy atareados durante su corta vida, no reencarnan ni evolu­cionan, y una vez terminada su obra se desintegran y disuelven en la atmósfera circundante, lo mismo que les sucede a nuestras formas mentales. Son for­mas mentales de los ángeles  o Devas encargados de la evolución del reino vegetal.

 

Cuando a uno de estos Devas se le ocurre una nueva idea relacionada con alguna de  las especies de plantas confiadas a su cuidado, emite una forma mental con el determinado propósito de realizar dicha idea. Generalmente la forma de su pensamiento es un modelo etéreo de la planta en cuestión, o bien una diminuta criatura que ronda por la planta mientras se forman los capullos y va gradualmente dándoles la configuración y colores que el Deva ideó para la flor.

 

Pero tan luego como la planta adquiere su com­pleto crecimiento o se explaya la flor, termina la ta­rea del elemental, quien, según hemos dicho, se des­vanece entonces extinguido ya su poder, porque la única alma que lo animaba era la voluntad de reali­zar la tarea terminada.

 

Sin embargo, se ven en torno de las flores otros diminutos seres, verdaderos espíritus de la natura­leza, de los que hay muchas variedades. Una de las más comunes tiene forma parecida a la de los pájaros-moscas y se les suele ver zumbando en rededor de las flores a modo de abejas. Estas menudas y hermosas criaturas no serán nunca humanas porque no siguen nuestra línea de evolución. La vida que los anima ha pasado por hierbas y gramíneas tales como la cebada y el trigo en el reino vegetal y por las hormigas y abejas en el reino animal, hasta alcalizar la etapa de diminutos espíritus de la naturaleza, que más tarde se convertirán en las hermosas hadas de cuerpos etéreos que viven en la superficie de la tierra. Posteriormente serán salamandras o espíritus del fuego, y luego se convertirán en sílfides o espíritus del aire, con cuerpos astrales en vez de etéreos, para pasar por último al reino de los Devas.

 

Solapaciones. -El trámite de la oleada de vida de uno a otro reino no se efectúa en rigurosa continui­dad, sino que se nota mucha lentitud en la variedad, y así quedan no pocos huecos o solapaciones entre los reinos. Esto se ve mas claramente  en nuestra lín­ea de evolución, porque la vida que llega a los niveles superiores del reino vegetal no pasa nunca a los inferiores del animal, sino que por el contrario, entra en éste por etapas bastante adelantadas. Así, por ejemplo, la vida que anima un robusto árbol forestal, no descenderá jamás a animar un enjambre de mosquitos, ni siquiera una familia de roedores  o de rumiantes. Estas formas  animales están animadas por la porción de oleada de vida que salió del reino vegetal en el nivel de la dalia o del diente de león.

 

En todo caso se ha de recorrer la escala evolutiva; pero parece como si la parte delantera de un reino fuese paralela a la zaguera del reino inmediatamente superior, de suerte que el tránsito de uno a otro se puede efectuar por distintos  niveles según los casos. La corriente de vida que entra en el reino humano esquiva por completo las etapas inferiores del remo animal; esto es, que la vida que ha de alcanzar el reino humano nunca se manifiesta en forma de insectos ni reptiles. Antiguamente entró en el reino animal por el nivel de los enormes saurios antedilu­vianos; pero ahora pasa directamente de las supe­riores formas vegetales a la de los mamíferos. De la propia suerte, cuando se individualizan los mas adelantados animales domésticos, no han de humanizarse necesariamente por vez primera en la forma de primitivos salvajes.

 

El siguiente diagrama muestra en ordenación sinóptica algunas de estas líneas evolutivas, aunque en modo alguno las contiene todas, pues sin duda hay otras no observadas todavía, con multitud de maneras de pasar de una a otra por distintos niveles. Así es que el diagrama se contrae a un amplio bosquejo del plan.

 

Según se infiere del diagrama, en la última etapa convergen todas las líneas de evolución, o por lo menos para nuestra ensombrecida vista   no hay distinción entre la gloria de los altísimos seres, aunque acaso si fuese mayor nuestro  conocimiento podríamos completar el diagrama. De todos modos, sabe­mos que así como  el reino humano esta por encima del animal, así mismo sobre el reino humano esta  el grandioso reino de los ángeles o Devas, y que la entrada en este reino es una de las siete puertas que se abren ante los pasos del Adepto.

 

Este mismo reino de los Devas es la etapa supe­rior de la evolución de los espíritus de la naturaleza, aunque en esto vemos otro ejemplo de los saltos o solapaciones a que antes aludimos, porque el Adep­to entra en el reino dévico por la cuarta etapa, sin pasar por las tres inferiores, mientras que el espíritu de la naturaleza entra en el reino dévico por la primera etapa, o sea la de los Devas inferiores.

Al entrar en el reino dévico recibe el espíritu de la naturaleza la divina chispa  de la tercera oleada de vida y logra así la individualidad, como la logra el animal cuando entra al reino humano. Además, de la propia suerte que el animal sólo puede in­dividualizarse poniéndose en contacto con el hom­bre, análogamente el espíritu de la naturaleza, para lograr la individualización, ha de ponerse en contacto con el ángel, servirle de ayudante y trabajar para complacerle, hasta que  aprenda a trabajar como los ángeles.

 

En rigor, los más adelantados espíritus de la na­turaleza no son seres humanos etéreos o astrales, porque todavía no están individualizados, pero son algo más que un animal etéreo o astral, pues su grado de inteligencia es muy superior al de los animales, y en muchos puntos igual al del común de la humanidad. Por otra parte, los espíritus de la natu­raleza de orden ínfimo tienen limitadísima inteligencia, por el estilo de la de los pájaros-moscas, mariposas o abejas a que tanto se parecen.

 

Según se ve en el diagrama, los espíritus de la naturaleza abarcan un amplio segmento del arco de evolución, incluyendo etapas correlativas con todas las de los reinos vegetales, animal y humano, hasta casi en la que hoy está nuestra  raza.

 

Algunos tipos inferiores de espíritus de la natura­leza no tienen nada de  estéticos; pero también ocu­rre lo mismo con las especies inferiores de reptiles e insectos. Hay tribus de espíritus de la naturaleza, no desarrollados todavía,  de gustos groseros, y por tanto, su aspecto esta en correspondencia con su etapa de evolución.

 

Las informes masas con enormes y rojas fauces que viven en las nauseabundas emanaciones etéreas de la sangre y del pescado podrido, son tan horribles a la vista como a la sensación de toda persona de mente pura. Igualmente repulsivas son las entidades rojinegras, semejantes a crustáceos rapaces, que planean sobre los lupanares, y los monstruos parecidos al octopus que apetecen regodearse en los vapores alcohólicos de las orgías y festines del beodo. Sin embargo, por muy repugnantes que sean estas ar­pías, no son dañinas de por sí, ni se pondrán en contacto con el hombre, a menos que se degrade al nivel de ellas esclavizándose a sus bajas pasiones.

 

Tan solo los espíritus de la naturaleza de estas especies inferiores y repulsivas se acercan volunta­riamente al hombre vulgar. Otras de la misma cla­se, pero algo menos materiales, se gozan en bañarse en las groseras vibraciones levantadas por la cólera, avaricia, crueldad, envidia, celos y odio. Quienes cedan a estos innobles sentimientos, se exponen a estar constantemente rodeados por las corroñosas coluvies del mundo astral, que unos a otros se atro­pellan con tétricas ansías de antesaborear un arrebato pasional, y en su ceguera hacen cuanto pueden para provocarlo o intensificarlo. Apenas cabe creer que tan horrorosas entidades pertenezcan al mismo reino que los simpáticos y jubilosos espíritus de la naturaleza que vamos a describir.

 

Hadas.-Es el tipo mejor conocido por el hom­bre. Las hadas viven normalmente en la superficie de la tierra, aunque como su cuerpo es etéreo, pue­den atravesar a voluntad la corteza terrestre. Sus formas son muchas y variadas, pero generalmente  tienen forma humana de tamaño diminuto, con alguna grotesca exageración de tal o cual parte del cuerpo. Como quiera que la materia etérea es plástica y fácilmente  moldeable por el poder del pen­samiento, son capaces de asumir cualquier aspecto que les plazca, si bien tienen de por sí formas peculiares que llevan cuando no necesitan tomar otra con determinado propósito y no ejercen su voluntad para transmutarlas. También tienen colores propios que distinguen unas especies de otras, así como se distinguen las aves por el plumaje.

 

Hay un inmenso números de razas de hadas cuyos individuos difieren en inteligencia y aptitu­des, lo mismo que ocurre entra los hombres. Análogamente a los seres humanos, cada raza mora en distinto país y a veces en diferentes comarcas de un mismo país, y los individuos de cada raza propenden generalmente a mantenerse en vecindad como sucede en los hombres de una nación. Están distribuidas las hadas por

la superficie de la tierra tan diversamente cual los reinos de la naturaleza. Como las aves, de las que algunas de ellas proceden, hay variedades exclusivas de un país; otras que son comunes en un país y raras en otro, al paso que algunas se encuentran en todas partes.

 

 

También como las aves, las hadas de mas vivos y brillantes colores moran en los trópicos.

 

Tipos étnicos.- Los tipos predominantes en las diferentes partes del mundo se distinguen fácilmente y son en cierto modo característicos. Pero ¿no puede provenir esta distinción de la persisten­te influencia de las hadas, que en transcurso de los siglos han modelado a los hombres, animales y plantas de su vecindad, de suerte que el hada esta­bleció las formas a que inconscientemente se adaptaron los demás reinos? Por ejemplo, no puede darse mas señalado contraste que el que existe entre las vivarachas y juguetonas muñequitas de color anaranjado y púrpura, o escarlata y oro, que bailotean por las viñas de Sicilia y las  discretas criaturas verdigrises que se pasean gravemente por los junca­les de Bretaña o las bondadosas hadas aurimorenas que frecuentan las montañas de escocia.

 

En Inglaterra es más común la variedad verde-esmeralda, que también he visto en  los bosques de Francia y Bélgica, en el Estado norteamericano de  Massachussets y en las orillas del Niágara. Las vastas llanuras del país de los dakotas están habitadas por una variedad blanca y negra, que no he visto en ninguna otra parte, y California disfruta de otra variedad muy linda,  blanca y oro, que también parece ser única.

 

La especie más común de Australia es muy característica por su admirable y luminoso color azul celeste; pero hay mucha diferencia entre las hadas de Nueva Gales del Sur y Victoria y las de la tro­pical Tierra de la Reina. Las de este último país se parecen mucho a las de las Indias holandesas.

 

La isla de Java es muy prolífica en estas gracio­sas criaturas, de las que hay dos distintas variedades, ambas monocromáticas: una color añil con débiles reflejos metálicos, y otra en que aparece toda la gama del amarillo. Son extrañas, pero simpáticas.

 

Una sorprendente variedad local está fastuosamente exornada con alternas rayas verdes y amaril­las como una chaqueta deportiva. Esta variedad listada es tal vez peculiar de aquella parte del rojo v amarillo en la península de Malaca, y verde y blanco al otro lado de los Estrechos, en Sumatra. Esta gran isla también disfruta de la posesión de una variedad de hadas de un lindo color de heliotropo pálido, que anteriormente solo había visto yo en las colinas de Ceilán. La especie habitante en Nueva Zelanda es de azul intenso con motas de plata, mientras que en las islas del mar del Sur se encuentran una variedad de color argentino irisado como una madreperla.

 

En la India hallamos hadas de diversas especies, desde las de color rosado y verde pálido o azul claro y amarilla-verdoso de las montañas del país, hasta las entremezcladas de soberbios colores, casi chillones por su intensidad, que moran en las llanuras.

 

En algunas partes de este maravilloso país, he visto la variedad negro y oro, que es más común en los desiertos africanos, y también otra cuyos indiv­iduos parecen estatuitas de refulgente metal carmesí, semejante al latón de los atlantes.

 

Algo parecida a esta ultima es una curiosa variedad que parece como fundida de bronce bruñido. Habita en la vecindad de los volcanes activos, pues los únicos parajes en donde se la ha visto, son las estribaciones del Vesubio y del Etna, en el interior de Java, las islas Sándwich, el Parque Yellowstone del norte de los Estados Unidos, y en cierta co­marca septentrional de Nueva Zelanda. Varios indicios dan a entender que esta variedad es una su­pervivencia de un tipo primitivo, y representa una especie de eslabón de transito entre el Gnomo y el hada.

 

En algunos casos, comarcas contiguas resultan estar habitadas por muy distintas clases de espíritus de la naturaleza. Por ejemplo, según ya dijimos los gnomos de color verde esmeralda son comunes en Bélgica, y sin embargo, a 160 kilómetros de distancia en Holanda, apenas se ve ni uno ellos. En cambio, hay una variedad de soberbio color de púrpura oscuro.

 

En una sagrada montaña de Irlanda.-Cosa ex­traña es que la altura sobre el nivel del mar parece influir en la distribución geográfica de los espíritus de la naturaleza, pues los que moran en las montañas rara vez se mezclan con los del llano. Recuerdo que al subir a la montaña de Slievenamón, una de las tradicionalmente sagradas de Irlanda, observé los definidos límites de demarcación entre los dis­tintos tipos.

 

Las estribaciones y escotaduras inferiores, así como las llanuras circundantes, estaban pobladas por una maligna y activísima variedad roja y negra, que pulula en todo el sur y oeste de Irlanda, atraída por los centros magnéticos que hace cerca de dos mil años establecieron los sacerdotes magos de la antigua raza milesia para asegurar y perpetuar su dominio sobre las gentes manteniéndolas bajo la influencia   de la gran ilusión. Sin embargo, al cabo de media hora de ascensión a la montaña, no vi ni uno de estos seres rojinegros, sino que la falda esta­ba allí poblada por el apacible tipo azul moreno que desde hace mucho tiempo debía especial vasa­llaje al Tuatha de Danaan.

 

También tienen estos su zona perfectamente deslindada, y ningún espíritu de la naturaleza de cualquier otro tipo se atreve a penetrar en el espacio aledaño a la cumbre consagrada a los poderosos Devas de color verde que durante mas de dos mil años están allí custodiando uno de los centros de fuerza viva que eslabonan el  pasado con el futuro de la mística tierra de Erín. Estos Devas aventajan al hombre  en estatura, y sus gigantes formas son del color de las nuevas hojas  primaverales, pero de indescriptible suavidad, refulgencia u brillo. Miran a la tierra con sus  admirables ojos que lucen cual es­trellas, llenos de la paz de quienes viven en lo eterno y esperando con la tranquilidad certeza que infunde el conocimiento, la  llegada del señalado tiempo.

 

Se advierte plenamente el poderío e importancia del aspecto oculto de las cosas al contemplar semejante espectáculo. Pero a decir verdad, apenas está oculto, porque  su influencia es tan poderosa y se­ñalada, que aun los menos sensitivos la advierten, y a sí se explica la tradición irlandesa de que quien duerme una noche en la cima de la montaña sagra­da, al despertar por la mañana, es poeta o loco. Será poeta si logra responder a la exaltación de todo su ser, ocasionada por el tremendo magnetismo que influyó en él mientras dormía. Será loco, si no tuvo fuerzas bastantes para soportar el estremecimiento.

 

Vida y muerte de las hadas.-La duración de la vida de las diversas clases de espíritus de la natura­leza varia muchísimo. En algunos es muy corta y en otros mucho mas larga que la del hombre. El universal principio de la reencarnación también prevalece en su existencia, aunque las condiciones son algún tanto diferente. No tienen lo que nosotros llamamos nacimiento y desarrollo. El hada aparece en su mundo completamente formada como los insectos. Vive poco o mucho sin apariencia de fatiga ni necesidad de descanso y sin envejecer con los ­años.

 

Pero llega tiempo en su energía se agota y se siente cansada de la vida. Cuando  esto ocurre, su cuerpo se va volviendo más y más diáfano hasta convertirse en una entidad astral que vive durante cierto tiempo en este mundo entre los espíritus del aire, que representan para ella la inmediata etapa de evolución. Después de la vida astral vuelve a su alma-grupo, en donde si está lo bastante adelantada puede tener algo de existencia consciente antes de que la ley cíclica actúe una vez   mas en el alma-grupo, despertando en el hada el deseo de separación. Entonces su impulso dirige de nuevo hacia fuera la corriente de su energía y aquel deseo, obrando en las plásticas materias astral y etérea, materializa un cuerpo de análogo tipo, a propósito para expresar el adelanto logrado en la última vida.

 

Por lo tanto, el nacimiento y la muerte son mu­cho más sencillos para las hadas que para los hombres con la ventaja de que la muerte del hada esta libre de todo pensamiento de tristeza y temor. Verdaderamente su vida entera parece más sencilla; es una existencia dichosa e irresponsable, como la de una cuadrilla de felices niños rodeados de un ambiente por todo extremo favorable.

 

Los espíritus de la naturaleza no tienen deseos ni conocen las enfermedades ni la lucha por la existencia, de suerte que están exentos de las más fe­cundas causas del sufrimiento humano. Tienen profundos afectos y son capaces de contraer íntimas y duraderas amistades de que obtienen intenso e imperecedero placer. Pueden sentir envidia y cóle­ra, pero se desvanecen ante el vivismo deleite conque llevan a cabo las operaciones de la naturaleza que es su más señalada característica.

 

Sus placeres.-Se gozan en la luz y resplandor del sol, aunque con el mismo placer danzan a la luz de la luna. Participan de la satisfacción de la sedienta tierra, de las flores y de los árboles al caer la lluvia y también juguetean igualmente dichosas con los copos de nieve. Gustan de flotar perezosamente en la calma de una tarde de verano, y sin embargo también se solazan con la violencia del viento. No solo admiran con una vehemencia que pocos de nos­otros pueden comprender la belleza de un árbol o de una flor, la delicadeza de sus matices o la gracia de su forma, sino que tomas vivísimo interés y sien­ten hondo deleite en todos los procesos de la naturaleza, en la circulación de la savia, el brote de los renuevos y el nacimiento y caída de las hojas.

 

Por supuesto que de esta característica se apro­vechan los grandes Seres que  presiden la evolución, valiéndose de los espíritus de la naturaleza para ayudar a la combinación de los colores y al arreglo de las variedades. Además atienden cuidadosamen­te a la vida de las aves e insectos a la empolladura de los huevos y a la eclosión de las crisálidas, así como se complacen en vigilar las trincaduras y jugueteos de los cervatos, corderillos, ardillas y le­bratillos.

 

Otra ventaja inestimable de la evolución etérea es que no necesitan alimentar sus cuerpos por medio de la comida y bebida, sino que el cuerpo del hada absorbe del éter circundante sin esfuerzo, fa­tiga ni tasa cuanta materia necesita la nutrición de su cuerpo. En rigor no cabe decir que absorbe materia etérea sino mas bien que  continuamente se efectúa un intercambio de partículas, desasimilándose las gastadas por haber consumido su energía y asimilándose otras plenamente  dinamizadas.

 

Aunque los espíritus de la naturaleza no comen, la fragancia de las flores los deleita en grado análogo al placer que los hombres experimentan al saborear los manjares. El aroma es para ellos algo mas que una halago del olfato o del gusto,  pues se bañan en él hasta empapar todo su cuerpo.

 

Lo que en ellos desempeña funciones de sistema nervioso es mucho más delicado que el nuestro. Perciben grandísimo número de vibraciones que es­capan a nuestros groseros sentidos y así notan el olor de no pocas plantas y minerales que a nosotros nos parecen inodoros.

 

No tienen estructura interna, pues sus cuerpos son como neblina, y por lo tanto no es posible des­membrarlos ni herirlos ni les afecta penosamente el calor ni el frío. Así hay una variedad de hadas que parecen preferir a toda otra  cosa el bañarse en el fuego. Cuando estalla un incendio acuden presurosas de todas partes y se deslizan con salvaje deleite entre las oscilantes llamas como los muchachos en el declive de un tobogán. Estas hadas son los espí­ritus del fuego o las salamandras de la literatura medieval. Los espíritus de la naturaleza sólo pueden sentir dolor corpóreo a consecuencia de una desa­gradable o inarmónica emanación o vibración, pero les cabe evitarlos por la facultad que tienen de trasladarse celérrimamente de un punto a otro.

 

Según se infiere de las observaciones hechas has­ta ahora, las hadas están del todo libres de la maldición del miedo, tan prevaleciente en la vida del reino animal, que en nuestra línea de evolución es correlativo del reino de las hadas en la evolución etérea.

 

Romanticismo de las hadas.-Tienen las hadas una imaginación envidiable por lo fértil, y en los ratos de recreo con sus compañeras se complacen en idear todo linaje de fantásticos escenarios y románticas situaciones. Puede entonces compararse el hada a un niño que relata cuentos a sus compañeros, aunque con la ventaja sobre el niño de que como las demás hadas tienen visión etérea y astral inferior, todas las ideas y personajes del cuento toman forma visible para los oyentes en el transcurso de la relación.

 

Sin duda que muchos de estos cuentos nos parecerán pueriles y de muy limitada y extraña finali­dad, porque la inteligencia del hada actúa en di­rección distinta de la nuestra; mas para ellas son vividamente reales y motivo de inagotable deleite.

 

El hada que denota extraordinario talento en imaginar narraciones se conquista el afecto y conside­ración de sus compañeras, sin que jamás le falten auditorio y séquito.

 

Cuando algún ser humano vislumbra un grupo así de hadas, lo juzga según sus rutinarios prejuicios y toma al hada principal por un rey o reina según la figura que en aquel momento asuma el hada. En realidad, el reino de los espíritus de la naturaleza no necesita régimen alguno de gobierno, excepto la inspección general que sobre ellos ejercen los de­varrajas y sus subordinados, sin que se den cuenta de esta inspección mas que los espíritus de la natu­raleza muy adelantados.

Su actitud respecto del hombre.- La mayor parte de los espíritus de la naturaleza repugnan y evitan la compañía del hombre, y no es extraño que así sea, pues para   ellos el hombre es un devastador demonio que destruye y despoja por doquiera que pasa.

 

A sangre fría y a veces entre horribles tormentos mata el hombre a las hermosas criaturas de que los espíritus de la naturaleza gustan cuidar. Abate los árboles, siega las hierbas, arranca las flores y desidiosamente las echa para que se marchiten. Suplanta la amable vida en el seno de la naturaleza con sus horribles ladrillos y cementos, y la fragancia de las flores con los mefíticos vapores de sus manipulaciones químicas y el ensuciador humo de sus fábricas. ¿Es extraño que las  hadas  nos miren con horror y se aparten de nosotros como nos apartamos de un reptil ponzoñoso?.

 

No solo devastamos cuanto más amable es para las hadas, sino que la mayor parte de nuestros hábitos y emanaciones les desagradan. Envenenamos el suavísimo aire con repugnantes vapores de alcohol y humo de tabaco. Nuestras inquietas e indómitas pasiones levantan un continuo flujo de co­rrientes astrales que las perturba y enoja con el mismo disgusto que tendríamos nosotros si nos va­ciaran encima un  cubo de agua infecta. Para los espíritus de la naturaleza la cercanía  del hombre ordinario equivale a estar bajo la furia de un huracán que soplara en una sentina. No son ángeles con el perfecto conocimiento a que acompaña la per­fecta paciencia, sino que son como niños inocentes y algunos de ellos cual juguetones gatitos excepcionalmente inteligentes. Por otra parte ¿es extraño que nos repugnen, rechacen y eviten si por costum­bre ultrajamos sus mas nobles y elevados sentimientos?

 

Se conocen dos casos en que a causa de excesiva intrusión o molestia por parte del hombre, mostra­ron las hadas notoria malicia y se desquitaron del daño. Esto denota que por lo general, no obstante las insoportables provocaciones del hombre, rara vez se encolerizan las hadas pues su acostumbrado procedimiento de  repeler a un intruso es hacerle victima de alguna broma a menudo puerilmente pesada, pero nunca gravemente dañosa. Se gozan en extraviar o engañar al intruso, haciéndole perder el camino al cruzar un pantano, manteniéndole dando vueltas de círculo toda la noche mientras cree que anda en derechura o forjándole la ilusión de que ve palacios y castillos en donde no hay tales.

 

Varios cuentos y leyendas sobre esta curiosa característica de las hadas subsisten tradicionalmente entre los aldeanos de casi todas las comarcas mon­tesinas.

 

Hechizo.--Las hadas se valen eficazmente en sus tretas y burlas de la maravillosa facultad que tienen de hechizar a quienes ceden a su influencia, de modo que mientras están sujetos al hechizo, solo ven y oyen lo que las hadas les sugieren al igual del hipnotizado que únicamente ve, oye, palpa, gusta y huele lo que el magnetizador desea.

 

Sin embargo, los espíritus de la naturaleza no tienen la hipnótica facultad de dominar la voluntad humana, excepto cuando se trata de gentes de po­bre entendimiento que ceden a un invencible terror durante el cual queda en suspenso la voluntad.

 

Las hadas no tienen otro poder que el de alucinar los sentidos pero en esto son indiscutiblemente maestras y no han faltado casos en que hechizaron de golpe a gran número de gentes.

 

Los juglares de la India efectúan con el impetra­do auxilio de las hadas sus más sorprendentes suer­tes, entre ellas la del cesto o aquella otra en que el juglar lanza aire arriba una cuerda que se coloca y mantiene tirante en el espacio sin apoyo alguno, hasta que desaparece luego de saltar por ella el pres­tidigitador. Los circunstantes están en este caso colectivamente alucinados y se figuran que presencian una serie de sucesos que no han ocurrido en realidad,

 

El poder del hechizo consiste sencillamente en forjar una vigorosa imagen mental y proyectarla después en la mente del hechizado. A la generali­dad de los hombres les parecerá eso casi imposible porque nunca lo intentaron ni tienen idea de como se realiza. La mente del hada no es tan amplia como la del hombre; pero está acostumbradísima a forjar imágenes y proyectarlas en ajenas mentes, porque tal es una de las principales tareas de su vida coti­diana.

 

No es extraño que con tan continuada práctica sean las hadas expertas en esta operación, que resul­ta mucho mas sencilla para ellas cuando como en el caso de los juglares índicos, se ha de reproducir centenares de veces la misma imagen, hasta que cada pormenor se traza sin esfuerzo a consecuencia del hábito.

 

Para comprender bien como se hace esto, debe­mos recordar que las imágenes  mentales tienen realidad, pues son construcciones de materia mental y que la línea de comunicación entre la mente y el cerebro físico pasa por las contrapartes  astral y etérica de este mismo cerebro, pudiendo interceptarse la comunicación por  medio de un obstáculo colocado en cualquier punto intermedio.

 

Algunos espíritus de la naturaleza suelen concurrir a las sesiones espiritistas con objeto de reme­dar engañosamente los fenómenos físicos. Quienes hayan frecuentado dichas sesiones recordarán casos de bromas y burlas sin malicia, que  denotan casi siempre la presencia de un espíritu de la naturaleza, aunque también  cabe atribuirlas a un difunto que en vida fue lo bastante casquivano para creer que divierten las tonterías y no ha tenido aún tiempo de adquirir sabiduría.

 

Ejemplos de amistad.- Por otra parte, hay ejem­plos en que algunos espíritus de la naturaleza han contraído amistad con seres humanos, ofreciéndo­les cuanta ayuda estaba en su poder prestarles, como en las conocidas narraciones de las  sirvientas escocesas o las hadas que encienden el fuego de las cenicientas. También hubo casos, aunque rarísimos, en que un hombre predilecto de las hadas fue invitado a presenciar sus festines y compartir durante algún tiempo su genero de vida.

 

Dícese que los animales silvestres se acercan con­fiadamente a los Yoguis indios porque instantáneamente conocen que son amigos de todo ser viviete. De la propia manera las hadas se agrupan en torno del hombre que entra en el Sendero de  Santidad, pues notan que sus emanaciones son menos tormentosas y más agradables que las de los hombres cuya mente esta fija en los negocios mundanos.

 

A veces se ha visto que las hadas se acercan a los niños pequeñuelos y les muestran mucho afecto, especialmente a los de viva imaginación y propensos al sueño, pues son capaces las hadas de ver y complacerse en las formas mentales de que el niño se rodea.

 

También hubo casos en que las hadas tornaron vivo cariño a un pequeñuelo sumamente simpático e intentaron llevárselo a sus moradas con el sincero propósito de librarlo del que les parecía horrible destino de crecer y vivir entre el vulgo de los hom­bres. En las narraciones demóticas hay algo refe­rente a suplantaciones de niños, aunque también obedecen a otras causas de que más adelante ha­blaremos.

 

Ha habido épocas, mas a menudo en el pasado que en el presente, en que algunas variedades de hadas, análogas en forma y tamaño al hombre, se complacían en materializarse con cuerpos físicos temporáneos, pero definidos, a fin de ponerse por este medio en deshonestas relaciones con las muje­res de su elección. En esto se basan las antiguas le­yendas mitológicas de faunos y sátiros, aunque tam­bién se refieren a seres de una evolución sub-humana, de todo punto distinta de la etérea.

 

Espíritus del agua-Por numerosas que sean las hadas de la superficie de la tierra casi siempre ale­jadas de la vecindad del hombre son todavía más numerosos las hadas marinas, nereidas o espíritus del agua que moran en la superficie del mar. Hay tantas variedades como en la tierra los espíritus de la naturaleza del Pacífico difieren de los de Atlánti­co, y de unos y otros del Mediterráneo. Las especies que juguetean en el indescriptible azul luminoso de los mares tropicales son muy distintas de las que saltan por entre la espuma de los grises mares del norte. Diferentes también son los espíritus de los lagos, ríos, cascadas y cataratas, pues tienen mas puntos de analogía con las hadas terrestres que con las nereidas de alta mar.

 

Sus formas son variadísimas, aunque con mas frecuencia remedan la humana. En general propen­den a tomar formas mas amplias que las hadas de los bosques y las montañas pues así como éstas son diminutas, las nereidas asumen la forma y estatura humanas.

 

A fin de evitar errores conviene insistir en el pro­teico carácter de los espíritus de la naturaleza, que tanto los de la tierra como los del agua pueden aumentar o disminuir su tamaño a voluntad y tomar la forma que les plazca.

 

Teóricamente no hay restricción en esta facultad, pero en la práctica tiene sus límites, aunque muy amplios. Un hada de medio metro de estatura puede acrecentarla hasta la de un hombre de 1,84 m., pero el esfuerzo para ello sería demasiado violento y solo podría sostenerlo unos cuantos minutos. A fin de asumir una forma distinta de la propia, el espíritu de la naturaleza ha de concebirla claramen­te    y solo será capaz de mantenerla mientras su mente esté fija en ella, pues tan pronto como dis­traiga el pensamiento  recobrara su  natural apariencia.

 

Aunque la materia etérea pueda moldearse fácilmente por el poder del pensamiento, no se plasma con tanta rapidez como la astral. Cabe decir que la materia mental obedece instantáneamente al pen­samiento, y la materia astral le sigue en orden de rapidez de modo que el observador vulgar no advierte la diferencia; pero en cuanto a la materia eté­rea, la visión del hombre que la posea puede notar sin dificultad  el aumento o disminución de las formas con ella plasmadas. Una sílfide cuyo cuerpo es de materia astral, cambia de forma con relampagueante rapidez. El hada, cuyo cuerpo es etéreo aumenta o disminuye de tamaño con relativa rapidez, pero no instantáneamente.

 

Pocos espíritus terrestres son de estatura gigantesca, y en cambio ésta es la cultura ordinaria de los del mar. Las hadas de la tierra suelen entretejerse imaginariamente prendas de indumentaria humana y se muestran vestidas de extraños  gorros, fajas y chaquetas; pero nunca he visto semejantes figurines en los habitantes del mar.

 

Casi todas las nereidas tienen la facultad de al­zarse de su peculiar elemento y flotar o volar en corto trecho por el aire. Se complacen en juguetear entre la espuma o en cabalgar sobre los escollos. No sienten tanta repugnancia por el hombre como sus hermanas terrestres, acaso por las menores ocasio­nes que se le deparan al hombre de tratar con ellas. No descienden a mucha profundidad del agua y nunca se sumergen mas allá del alcance de la luz, de modo que siempre queda  considerable espacio entre sus dominios y los de las menos evolucionadas criaturas de entre dos aguas.

 

Hadas de agua dulce-Algunas especies muy hermosas habitan en las aguas interiores, donde el hombre no ha posibilitado aún su existencia. Desde luego que los residuos fabriles y fecales que contaminan las aguas próximas a las ciudades po­pulosas les disgustan; pero no hacen objeción con­tra las turbinas y aceñas que funcionan en comarcas tranquilas, pues a veces se las ha visto solazándose en la corriente de un molino.

 

Parece que gozan especialmente en las cascadas, cataratas y saltos de agua, tal como sus hermanas marinas se recrean en las espumas de las olas. El gus­to que las cascadas les proporcionan es aliciente bastante para que a veces arrostren la odiada pre­sencia del hombre. Así en el río Niágara se ven al­gunas durante el verano, aunque generalmente acostumbran a mantenerse en el centro de las cata­ratas y en las corrientes rápidas del río.

 

Como las aves de paso, en el Invierno abandonan las aguas septentrionales que se hielan durante al­gunos meses, y van en busca de más templados cli­mas. Si bien no les importan las heladas y el frío no las afecta, les disgusta ver perturbadas sus ordinarias condiciones de vida. Las que comúnmente habitan en los ríos se trasladan al mar cuando se hielan las aguas fluviales, al paso que a otras les repugna agua salada y prefieren emigrar a lejanos parajes en vez de refugiarse en el océano.

 

Una interesante variedad de nereidas son los espíritus de las nubes, que pasan casi toda su vida en “las aguas que están en el firmamento”. Deberíamos considerarlos como el eslabón de tránsito entre los espíritus del agua y los del aire. Sus cuerpos son de materia etérica como los de las nereidas pero pueden permanecer muchísimo tiempo fuera del agua. Sus formas suelen ser de gran tamaño y de estructura de malla. Se parecen algo a ciertas varie­dades de nereidas, y cuando el cielo está despejado gustan de sumergirse en el mar. Su habitual resi­dencia es el luminoso silencio de las nubes, que por pasatiempo favorito modelan en fantásticas formas o las disponen en las seriadas filas a que la llamamos cielo aborregado.

 

Sílfides-Vamos a considerar ahora el tipo superior del reino de los espíritus de la naturaleza, o sea la etapa en que convergen las líneas de desenvolvimiento de las hadas de tierra y mar. Son las sílfides o espíritus del aire muy superiores a los tipos que hemos tratado hasta ahora, pues ya se han desprendido de materia  física y su vehículo inferior es el astral. Aventajan mucho en inteligencia a las clases etéreas e igualan a la generalidad de los hombres, aunque todavía no están  permanentemente individualizadas.

 

Por estar tan evolucionados estos seres pueden comprender acerca de la vida mucho más que los animales al separarse de su alma grupal, y así ocurre que conocen que les falta la individualidad y anhelan ardientemente lograrla. Esta es la verdad subyacente que en las tradiciones populares que representan a los espíritus de   la naturaleza anhelosos de poseer un alma inmortal.

 

El procedimiento que ordinariamente siguen para este logro consiste en relacionarse por el trato y el amor con los Devas o ángeles astrales que constituyen el grado de evolución inmediatamente su­perior.

 

Un animal domestico, como el perro o el gato, progresa por el desarrollo de su inteligencia y de sus afectos mediante el intimo contacto con su dueño. No sólo le mueve su amor al dueño a determinados esfuerzos para comprenderle, sino que las vibraciones del cuerpo mental del dueño influyen de continuo en su rudimentaria  mente, que poco a poco aumenta en actividad, al propio tiempo que el afec­to de su amo despierta en su cuerpo astral siempre crecientes emociones.

 

El hombre puede o no amaestrar al animal, pero en todo caso, aun sin deliberado esfuerzo, la íntima relación entre ambos favorece el progreso evolutivo del inferior. Con el tiempo, el desenvolvimiento del animal llega a un nivel en que es capaz de reci­bir la tercera Oleada o, mejor dicho, Efusión de Vida, que lo individualiza separándolo definitivamente de su alma grupal.

 

Ahora bien, esto es exactamente lo que ocurre entre el Deva astral y la sílfide, con la sola diferen­cia de que lo efectúan de más inteligente y eficaz manera. Ni un hombre entre mil sabe nada acerca de la verdadera evolución de su perro o de su gato ni mucho menos comprende el animal las posibili­dades que le aguardan. Pero el Deva conoce claramente el plan de evolución y en muchos casos también sabe la sílfide lo que le conviene, y en consecuencia obra inteligentemente para lograrlo.

 

As es que cada Deva astral tiene adictas varias sílfides a quienes enseña y de él aprenden, inter­cambiándose sus afectos.

 

Muchos de estos Devas astrales sirven de agentes a los devarrajas en la distribución del karma, y así ocurre que las sílfides suelen ser agentes subalternos de esta obra, adquiriendo sin duda copiosos co­nocimientos, mientras  ejecutan la labor asignada.

 

El Adepto sabe cómo utilizar los servicios de los espíritus de la naturaleza cuando de ellos necesita, y hay no pocos asuntos que les pueden confiar. En el número de Broad Views, correspondiente a fe­brero de 1907, se publicó un admirable relato de la ingeniosa manera en que un espíritu de la natura­leza desempeñó una comisión que le había confiado un Adepto.

 

Se le encargó que distrajese a un inválido enfermo de gripe, y durante cinco días el espíritu entretuvo con curiosas e interesantes visiones cuyo feliz resultado, según confesión del mismo enfer­mo, fue “alegrar los días que en ordinarias circuns­tancias hubieran sido de insufrible tedio”.

 

Le mostró el espíritu de la naturaleza una desconcertante variedad de escenas en que aparecía el interior de semovientes rocas con diversidad de seres en ellas. También le mostró montañas, bos­ques, senderos y edificios de soberbia arquitectura, columnas corintias, estatuas, bóvedas y maravillosas flores entre palmas que ondeaban como mecidas por la brisa. Con los objetos del aposento componía una escena de mágica transmutación, y en verdad que de la curiosa índole del solaz proporcionado podía colegirse la especie de espíritu de la naturale­za empleado en tan caritativa obra.

 

Los magos orientales procuran a veces obtener la ayuda de los superiores espíritus de la naturaleza para sus operaciones; pero este empeño no está exento de peligros. Al efecto han de valerse de la invocación o de la evocación. La invocación consiste en atraer al espíritu con súplicas y concertar el asunto con él. La evocación estriba en actualizar influencias que muevan al espíritu a obedecerle. Si fracasa en el intento se expone a provocar la hosti­lidad con riesgo de inutilizarlo prematuramente o por lo menos lo colocará en situación desairada y ridícula.

 

Hay muchas variedades de sílfides que difieren en poder, inteligencia, aspecto y costumbres. Desde luego que no están tan contraídas a determinada localidad como las clases ya descritas, aunque tam­bién parecen reconocer los límites de diversas  zonas de altitud, pues unas variedades flotan siempre cerca de la superficie terrestre, mientras que otras veces se acercan a ella. Por regla general comparten la común repugnancia por la vecindad del hom­bro y sus inquietos deseos; pero hay ocasiones en que soportan esta molestia a cambio de diversión o     de lisonja.

 

Sus diversiones-Se solazan animando formas mentales de varias clases. Por ejemplo, un novelista produce vigorosas formas mentales de todos sus personajes y los va moviendo, como si fueran polichinelas, en su diminuto escenario; pero a veces un tropel de jubilosos espíritus de la naturaleza se apodera de las formas mentales creadas por el novelista y desarrollan la acción bajo un plan im­provisado por la  excitación del momento, de modo que el desalentado autor nota que sus muñecos se le han ido de la mano y demuestran voluntad propia.

 

La afición a las jugarretas, tan características en algunas halas, persiste en las especies inferiores de sílfides, cuyas personificaciones no son ya de índole tan inofensiva.

Las gentes cuyo mal karma las colocó bajo el dominio de la teología calvinista y no tienen to­davía inteligencia o fe bastantes para desechar sus blasfemas doctrinas producen con sus temerosas emociones horribles formas mentales del imaginario demonio a quien su superstición concede tan preeminente papel en el universo. Siento decir que algunos traviesos espíritus de la naturaleza son incapaces de resistir a la tentación de enmascararse con estas terribles formas mentales, tomando a broma el aparecer con cuernos, arrastrar una cola ahorquillada y echar llamas por las fauces.

 

A quien conozca la índole de estos demonios de pantomima, no le causarán daño alguno; pero los niños bastante receptivos para tener un vislumbre de tan espantables espectros, sentirán profundo terror si no se les advirtió de su inanidad.

 

Como quiera que el espíritu de la naturaleza no conoce el miedo, no echa de ver las graves conse­cuencias de su travesura, y acaso cree que el miedo del niño es fingido y que forma parte del juego.

 

Sin embargo, no podemos inculpar al espíritu de la naturaleza, desde cl momento en que consentimos que nuestros niños estén atados a la ca­dena de una grosera superstición, descuidando inculcarles la capital verdad de que Dios es amor y que el perfecto amor desvanece todo temor.

 

Si el espíritu del aire aterroriza así de cuando en cuando a los niños vivientes mal instruidos, debe­mos poner en su abono el anhelo con que procura entretener y divertir a millones de niños de los que llamamos "muertos"; pues jugar con ellos y sola­zarlos de cien maneras distintas, es una de sus más dichosas tareas.

 

Las sílfides han echado de ver la oportunidad que les deparan las sesiones espiritistas, y las hay que asisten frecuentemente a ellas con nombres por el estilo de Dalia o Girasol. Son capaces de dar sesio­nes muy interesantes porque saben mucho acerca de las condiciones e índole de la vida astral. Res­ponden prontamente a preguntas con tanta veraci­dad como sus conocimientos les permiten y   con apariencia de profundidad cuando el asunto está más allá de su alcance. Producen golpes, movimien­tos, ruidos y luces sin la menor dificultad, y están dispuestas a llevar cualquier mensaje que sea nece­sario, no para dañar ni engañar, sino por el placer que experimentan en servir de mensajeras y verse adoradas y reverenciadas con profunda devoción y afecto como "queridos espíritus" y "ángeles cus­todios". Comparten la complacencia de lo con­currentes a la sesión y les satisface la benéfica obra de consolar al triste.

 

Como quiera que viven astralmente, la cuarta dimensión es un hecho vulgar en su existencia, y esto les facilita muchas jugarretas que a nosotros nos parecen prodigiosas, tales como sacar objetos de una caja cerrada o poner flores en un aposento igualmente cerrado.

 

Las sílfides o espíritus del aire que asisten a las sesiones espiritistas, conocen los deseos y senti­mientos de los circunstantes de modo que pueden leer en su mente cuando piensan, excepto las ideas abstractas, y están a su alcance toda clase de mate­rializaciones, con tal de disponer del conveniente material.

 

Se echa de ver, por lo tanto, que sin necesidad de ajeno auxilio, son capaces de proporcionar di­versas distracciones y juegos de velada, como sin duda así lo hacen frecuentemente. No quiero decir en modo alguno que los espíritus de la naturaleza sean las únicas entidades que actúan en las sesio­nes espiritistas. El manifestado "espíritu" es a menudo el mismo que dice ser; pero también es verdad que a veces no lo es ni remotamente, y el vulgar circunstante no tiene medio alguno de distinguir entre la legitimidad y la impostura.

 

Desarrollo anormal.-Según ya dijimos, la nor­mal línea de progreso del espíritu de la naturaleza es lograr la individualidad por el trato con un Deva; pero hay individuos que se desviaron de esta nor­ma. El intenso afecto de la sílfide por el ángel es el capital factor de la individualización, y los casos anormales son aquellos en que en vez de poner la sílfide su afecto en un Deva lo pone en un ser hu­mano. Esto implica una tan completa inversión de la común actitud de dichos seres hacia la huma­nidad, que sólo ocurre muy raras veces; pero cuan­do ocurre y el amor es lo bastante intenso para conducir a la individualización, desvía el espíritu de la naturaleza de su peculiar línea de evolución y lo trae a la humana, de modo que el ego reen­carnará como hombre y no como Deva.

 

Esto es lo que nos dan a entender las tradiciones y leyendas en que un espíritu no humano se ena­mora de un hombre y anhela ardientemente obte­ner un alma inmortal para estar toda la eternidad con el objeto de su amor. Al encarnar un espíritu así en forma humana, resulta de un extraño carác­ter, afectuoso y emocional, pero caprichoso, primi­tivo en ciertos aspectos y sin el más leve sentimiento de responsabilidad.

 

Ha sucedido a veces que una sílfide profunda­mente enamorada de un hombre o una mujer, pero no lo bastante para que su afecto determinara la individualización, hizo un vigoroso esfuerzo para forzar la entrada en la humanidad, apoderándose del cuerpo de un niño moribundo, quien pareció recobrar la vida como si el destino lo arrebatara de las garras de la muerte. Pero a causa de no estar la sílfide acostumbrada a las restricciones del cuerpo físico denso en que se infundió, resulta el tempe­ramento del niño muy cambiado, regañón e iras­cible.

 

Si la sílfide fuera capaz de adaptarse al cuerpo físico de que se apodera, nada le impediría conser­varlo toda una vida de ordinaria duración, y si en su transcurso lograra desarrollar un afecto lo bas­tante vivo para desligarse del alma grupal, reen­carnaría normalmente como ser humano. Si durante aquella vida forzadamente humana no logra in­tensificar en la necesaria medida su afecto, volverá después de la muerte a su peculiar línea de evo­lución.

 

Estos hechos corroboran la verdad entrañada en las leyendas y tradiciones de suplantación de cria­turas, que abundan en todos los países del noroeste de Europa, en China, y también, según referencias, entre los indígenas de las abras del Pacífico en la América del Norte.

 

Ventajas de este estudio.-El reino de los es­píritus de la naturaleza es un interesantísimo campo de estudio al que se le ha prestado escasa atención. Aunque se les menciona frecuentemente en la lite­ratura ocultista, no sé de ningún intento que se haya hecho para clasificarlos científicamente.

 

Este vasto reino de la naturaleza necesita un Cuvier o un Linneo; pero acaso cuando haya abundancia de investigadores, podremos esperar que uno de ellos tome a su cargo la tarea y nos pro­porcione en calidad de obra maestra de su vida una acabada y completa historia natural de estos de­leitosos seres.

 

No será trabajo perdido ni estudio inútil. Nos conviene conocer los espíritus de la naturaleza, no sólo ni aun principalmente por la influencia que en nosotros ejercen, sino porque al comprender una línea de evolución tan distinta de la humana, se explaya nuestra mente y reconocemos que el mun­do no existe para nosotros solos y que nuestro pun­to de vista no es el único ni el más importante.

 

Los viajes por países extranjeros producen el mismo efecto aunque en menor grado, porque enseñan al hombre libre de prejuicios que razas en todos los aspectos tan valiosas como la suya pueden diferir notablemente de ella en multitud de características.

 

En el estudio de los espíritus de la naturaleza hallamos la misma idea mucho más ampliada. Es un reino radicalmente disimilar, sin sexo, exento de temor, ignorante de la lucha por la existencia, y sin embargo, la meta final de su evolución es en todo y por todo análoga a la que se alcanza por la línea de evolución humana.

 

Al aprender esto, podremos descubrir algo más de los múltiples aspectos del Logos, y aprendere­mos a tener modestia, caridad y tolerancia de pen­samiento.

 

 


III PARTE

 

EXPLICACIÓN DE LOS TÉRMINOS USADOS POR PARACELSO

INCLUYENDO ALGUNOS OTROS USADOS CON FRECUENCIA POR ESCRITORES SOBRE OCULTISMO

 

 

"Desde los días de los infortunados filósofos de la Edad Media, los últimos que escribieron sobre estas doctrinas secretas de que eran depositarios, pocos hombres se han atre­vido a desafiar la persecución y preocupaciones publicando su conocimiento. Y estos pocos, como regla, nunca han escri­to para el público, sino sólo para los de su tiempo que po­seían la clave de su lenguaje. La multitud, no comprendién­dolos a ellos ni a sus doctrinas, se ha acostumbrado a mirarlos como charlatanes o soñadores."

-H. P. Blavatsky: Isis sin Velo, Vol. 1.-

 

 

A

 

ABESI O REBIS. - Repulsa; materia muerta; sustancia excrementicias.

 

ACTHNA. - Un fuego invisible, sub-terrestre, es la matriz de la que toman su origen las subs­tancias bituminosas, y que produce algunas veces erupciones volcánicas. Es cierto estado del “al­ma” de la tierra, una mezcla de elementos astra­les y materiales, de un carácter tal vez eléctrico o magnético.

 

ACTHNICI. - Espíritus elementales del fue­go; espíritus de la naturaleza. Pueden aparecer con varias formas, como lenguas de fuego, bolas de luego, etc. Algunas veces son vistos en las "sesiones espiritistas" 

 

ADECH. - El hombre interior (espiritual) el señor del pensamiento y la imaginación, que forma subjetivamente todas las cosas en su men­te, las cuales el hombre exterior (material) pue­de objetivamente reproducir. Cada uno de los dos obra según su naturaleza: el invisible, de un modo invisible, y el visible de un modo visible; pero ambos obran correspondiéndose. El hombre exterior puede practicar lo que el hombre inte­rior piense; pero pensar es obrar en la esfera del pensamiento, y los productos del pensamiento son trascendentalmente substanciales, aunque no sean arrojados a la objetividad en el plano ma­terial. El hombre interior es y hace lo que desea y piensa.

Si sus pensamientos e intenciones buenas o malas hallan o no, expresión en el plano mate­rial, es de menos importancia para su propio desarrollo espiritual, que lo es para otros, que pueden ser afectados por los actos que engen­dran sus pensamientos.

 

ADMISURAL. - La tierra (literal y alegórica­mente).

 

ADROP, AZANE, O AZAR. - "La Piedra Filo­sofal". Esta no es una piedra en el sentido usual del término, sino una expresión alegórica, sig­nificando el principio de sabiduría sobre el cual el filósofo que lo ha obtenido por experiencia práctica (no el que está simplemente especulan­do acerca de él) puede confiar perfectamente, como lo haría en el valor de una piedra preciosa, o      como confiaría en una roca sólida sobre la cual debiese construir el fundamento de su casa (espiritual). Es el Cristo que está en el hombre; el amor divino substancializado. Es la luz del mundo; la esencia misma de la que el mundo ha sido creado; no es el mero espíritu, sino lo subs­tancial; porque en el cuerpo del hombre está con­tenido el más grande de todos los misterios.

 

AKASHA. - Término oriental. La sustancia viva primordial, correspondiente a la concepción de alguna forma de éter cósmico que penetra al sistema solar. Toda cosa visible es, por decirlo así, Akasha condensado, habiéndose hecho visible por el cambio de su estado supra-etéreo en una forma tangible y concentrada, y toda cosa en la naturaleza puede ser resuelta otra vez en Akasha, y hacerse invisible, cambiando en re­pulsión el poder de atracción que tenía unidos -sus átomos; pero hay una tendencia en los áto­mos que han constituido una forma, de abalan­zarse otra vez a la unión en el orden anterior, y reproducir la misma forma, y una forma puede, por lo mismo, haciéndose uso de esta ley, ser aparentemente destruida y luego reproducida. Es­ta tendencia se baila en el carácter de la forma conservada en la Luz Astral.

 

ALCAHEST. - Un elemento que disuelve to­dos los metales, y por el cual todos los cuerpos terrestres pueden ser reducidos a su Ens primun, o la materia, original (Akasha) de la cual están formadas. Es un poder que obra en las formas Astrales (o almas) de todas las cosas, capaz de cambiar la polaridad de sus moléculas, y por esto disolverlas. El poder mágico del libre Albedrío o voluntad libre es el más elevado aspecto del ver­dadero Alcahest. En su aspecto más bajo es un fluido visible que puede disolver todas las cosas y desconocido todavía a la química moderna.

 

ALCOL, - La sustancia de un cuerpo, libre de toda materia terrestre; su forma etérea o astral.

 

ALQUIMIA. - Ciencia por la cual las cosas no sólo pueden ser descompuestas y recompues­tas ( como se hace en la química), sino por la que también su naturaleza esencial puede ser cambiada y elevada a más alto grado, o ser trans­mutada cada una en otra. La Química trata de la materia muerta únicamente, mas la Alquimia usa la vida como un factor. Toda cosa es de triple naturaleza, de la cual su forma material y objetiva es su manifestación más baja. Hay, por ejemplo, oro inmaterial espiritual, oro etéreo fluido e invisible astral, y el oro sólido, visible, material y terrestre. Los dos primeros son, por decirlo así, el espíritu y el alma del último, y empleando los poderes espirituales del alma po­demos causar cambios en aquellos para que se hagan visibles en el estado objetivo. Ciertas ma­nipulaciones externas pueden ayudar a los po­deres del alma en su obra; pero sin poseer los segundos, las manipulaciones serán completa­mente inútiles. Los procedimientos alquímicos pueden, por lo mismo, ser emprendidos con éxito, solamente por el que es Alquimista de nacimien­to o por educación. Siendo toda cosa de triple naturaleza, hay un aspecto triple de la Alqui­mia. En su aspecto superior enseña la regenera­ción del hombre espiritual, la purificación de la mente y voluntad, el ennoblecimiento de todas las facultades del alma. En su aspecto más bajo trata de las sustancias físicas, y abandonando el reino del alma viviente, y descendiendo a la materia muerta, concluye en la ciencia de la quí­mica moderna del presente. La verdadera Alqui­mia es un ejercicio del poder mágico de la libre voluntad espiritual del hombre y por lo mismo no puede ser practicada por nadie sino por el que ha renacido en espíritu.

 

ALUECH. - El cuerpo puro espiritual (el Atman).

 

ANIADA. - Las actividades que son causadas por influencias astrales, poderes celestiales, la actividad de la imaginación y la fantasía.

 

ANIÁDUM. - El hombre espiritual (renaci­do); la actividad del espíritu del hombre en su cuerpo mortal; el Asiento de la Conciencia Es­piritual.

 

ANIADUS. - La actividad espiritual de las cosas.

 

ANYODÉI. - La vida espiritual; el estado subjetivo en que la esencia superior del alma entra después de la muerte, y después de haber per­dido sus partes más groseras en Kama-loka. Co­rresponde a la sutilísima concepción del Deva­chán.

 

AQUASTOR. - Un ser creado por el poder de la imaginación; esto es, por una concentración del pensamiento en el Akasha, por lo cual puede ser creada una forma etérea. (Elementales, Sú­cubos e Incubos, Vampiros, etc.) Tales formas imaginarias, pero, sin embargo, reales, pueden obtener vida de la persona por cuya imaginación son creadas y bajo ciertas circunstancias pueden hasta hacerse visibles y tangibles.

 

ARCHAEUS. - El poder formativo de la Na­turaleza, que divide los elementos y los forma en partes orgánicas. Es el principio de vida, el poder que contiene la esencia de vida y carácter de toda cosa.

 

ARCHATES o ARCHALLES. - El elemento del carácter específico de cada cosa.

 

ASTRAL (Luz). - Lo mismo que el Archaeus. Un elemento universal viviente, y etéreo,

más etéreo aún y altamente organizado que el Akasha. El primero es universal, el segundo solamente cósmico, esto es, perteneciente a nues­tro sistema solar. Es al mismo tiempo un elemen­to y un poder, conteniendo el carácter de todas las cosas. Es el archivo de la memoria del gran mundo, el Macrocosmo, cuyos contenidos pue­den incorporarse y reencarnarse en formas obje­tivas; es el archivo de la memoria del mundo pequeño, el Microcosmo o el hombre, por mal archivo puede recordar sucesos pasados. Existe uniformemente en todos los espacios interplane­tarios. Sin embargo, es más densa y más activa en derredor de ciertos objetos, a causa de su activi­dad molecular, especialmente en derredor del cerebro y el cordón espinal de los seres humanos, que están rodeados de ella como por una aura de luz. Es por esta aura, que se halla en derredor de las cédulas nerviosas y tubos nerviosos, por la que un hombre puede recoger impresiones he­chas en la aura astral del cosmos, y "leer en la Luz Astral". Constituye el medio para la trans­misión del pensamiento, y sin este medio ningún pensamiento podría ser transmitido a distancia.

 

Puede ser visto por el clarividente, y como cada persona tiene una aura astral propia, el carácter de una persona puede ser leído en su Luz Astral por los que pueden verla. En el caso de un niño que no ha engendrado todavía ninguna característica especial, esta aura emanante es blanca co­mo la leche; pero en el adulto hay siempre sobre este color fundamental, otros, como el azul, ver­de, amarillo, rojo, rojo oscuro, y aun negro. Todo nervio vivo tiene su aura austral; todo mi­neral, planta o animal, y toda cosa con vida, es el cuerpo glorificado del espíritu y resplandece con su luz.

 

ASTRUM.   Este término es con frecuencia usado por Paracelso, y significa lo mismo que Luz Astral, o la esfera especial de la mente que pertenece a cada individuo, y que da a cada cosa sus propias cualidades específicas, constituyendo, por decirlo así, su mundo.

 

AVITCHI. - Término oriental. Un estado de maldad ideal espiritual; una condición subjeti­va; el tipo contrario de Devachán o Anyodéi.

 

AZOTH. - El principio creativo de la Natura­leza; la panacea universal o aire espiritual que da la vida. Representa la Luz Astral en su as­pecto como el vehículo de la esencia universal de vida; en su aspecto más bajo es el poder electrificante de la atmósfera: ozono, oxígeno, etc.

 

B

 

BERILLUS. - Espejo mágico o cristal en cuya aura Astral pueden verse apariciones por el cla­rividente. Beril-lística ars: El arte de adivinar por medio de ver en cristales, espejo mágico, en tazas o copas, en agua corriente, en piedras, et­cétera, cuyos métodos sirven para hacer la men­te pasiva, y que pueda recibir las impresiones que la luz astral pueda hacer en la esfera mental del individuo; apartando la atención de las cosas sensuales y externas, el hombre interior se hace consciente y respectivo de las impresiones subje­tivas.

 

BRUTA. - Fuerza astral manifestada en los animales; segunda vista en los animales; poder de los animales para descubrir instintivamente medicinas venenosas o curativas, etc.

 

C

 

CABALLI, CABALES, LEMURES. - Los cuer­pos astrales de los hombres que mueren de muerte prematura, es decir, que fueron matados o se mataron a sí mismos antes que el término de su vida natural concluyera. Pueden ser mas o menos conscientes e inteligentes, según las cir­cunstancias en que vivieron y murieron. Son las almas sufrientes de los muertos encadenados a la tierra, que andan errantes en la esfera de la atracción de la tierra (Kama-loka) hasta que el tiempo llega cuando debían morir según la ley natural, cuando la separación de sus principios superiores e inferiores se verifica. Se imaginan ejecutar acciones corporales, mientras que de he­cho no tienen cuerpos físicos, sino que obran en su pensamiento; pero sus cuerpos les parecen tan reales como los nuestros a nosotros. Pueden bajo ciertas condiciones necesarias comunicarse con el hombre por los "médiums", o directamente por la propia organización medianímica del hombre.

 

CHAOMANTIA. - Adivinación por visiones aéreas; clarividencia; segunda vista.

 

CHERIO. – “Quintaesencia”. La esencia o quinto principio de una cosa; lo que constituye sus cualidades esenciales, libres de todas las im­purezas no esenciales.

 

CLISUS. - El poder específico oculto conte­nido en todas las cosas; la fuerza de vida que en los vegetales sube de las raíces al tronco, hojas, flores y semillas, haciendo que éstas produzcan un nuevo organismo.

 

CORPORA SUPERCOELESTIA. - Formas que sólo pueden ser vistas por la más elevada percep­ción espiritual; no son formas astrales ordinarias, sino los elementos refinados e inteligentes de las mismas.

 

CORPUS INVISIBLE. - El cuerpo invisible, el alma animal (Kama-rupa); el medio entre las formas materiales y el principio espiritual; una cosa substancial, etérea, pero bajo circunstancias ordinarias invisibles; la forma astral inferior.

 

D

 

DERSES. - Una exhalación oculta de la tie­rra, por medio de la cual las plantas pueden cre­cer. Los gases ácido carbónico, etc., son sus ve­hículos.

 

DEVACHAN. - Término oriental. Un estado subjetivo de felicidad de los principios superiores del alma después de la muerte del cuerpo. (Véase ANYODÉI) Corresponde a la idea de cielo o pa­raíso, en donde cada Mónada individual vive en su mundo que ha creado por sus propios pensa­mientos, y en donde los productos de su propia ideación espiritual le aparecen substanciales y ob­jetivos.

 

DIVINATIO. - El acto de prever sucesos fu­turos por medio de la luz propia del alma; pro­fecía.

 

DIVERTÉLLUM. - La matriz de los elemen­tos, de la que éstos son engendrados (3),

 

DURDALES. - Seres substanciales pero invi­sibles que residen en los árboles (Dríades), es­píritus elementales de la naturaleza.

 

E

 

EDELPHUS. - Uno que adivina por los ele­mentos del aire, tierra, agua o fuego.

 

ELÉCTRUM MÁGICUM. - Una composición de siete metales, compuesta según ciertas reglas e influencias planetarias; preparación del gran po­der mágico, de la que se pueden hacer anillos mágicos, espejos y muchas otras cosas.

 

ELEMENTALES. - Espíritus de la naturale­za. Seres substanciales pero (para nosotros) in­visibles, de naturaleza etérea, que viven en los elementos del aire, agua, tierra o fuego. No tie­nen espíritu inmortal, sino que están hechos de la sustancia del alma, y son de varios grados de inteligencia. Sus caracteres difieren extensa­mente. Representan en su naturaleza todos los estados de sentimiento. Algunos son de natura­leza benéfica y otros maléfica.

 

ELEMENTARIOS. - Los cadáveres astrales de los muertos, la contraparte etérea de la persona que un tiempo vivió, que tarde o temprano se descompondrá en sus elementos astrales, como el cuerpo físico se disuelve en los elementos a que pertenece. Estos elementarios, bajo condiciones normales, no tienen conciencia propia; pero pue­den recibir vitalidad de un médium y por ello, se puede decir, son galvanizados por pocos mi­nutos volviendo a la vida y conciencia (artifi­ciales), y entonces pueden hablar, obrar y recor­dar con claridad cosas que hicieron durante la vida. Con mucha frecuencia son observados por los Elementales, que los usan como máscaras para representar personas muertas y engañar a los crédulos. Los Elementarios de personas bue­nas tienen poca cohesión y se evaporan pronto: los de los malvados pueden durar largo tiempo; los de los suicidas, etc., tienen vida y conciencia propia mientras la separación de los principios no se ha verificado. Estos son los más peli­grosos.

 

ELEMÉNTUM. - El  elemento invisible  o principio base de todas las substancias que pue­den estar en estado sólido (terrestre), líquido (acuoso), gaseoso (aéreo), o etéreo (ígneo). No se refiere a los llamados cuerpos simples o "elementos" en química, sino a la sustancia in­visible básica de la cual están formados.

 

ERODÍNIUM. - Una representación pintada o alegórica de algunos sucesos futuros; las vi­siones y sueños simbólicos que pueden ser pro­ducidos de varios modos. Hay tres clases de sue­ños, de los cuales pueden resultar otros cuatro estados mezclados de los mismos. Las tres clases puras son: 1ª- Sueños que resultan de condiciones fisiológicas; 2ª- Sueños que resultan de condicio­nes psicológicas e influencias astrales; 3ª- Sueños que son causados por agencia espiritual. Sólo los últimos son dignos de gran consideración, aun­que los primeros puedan en ocasiones indicar importantes cambios en los planos a que pertene­cen; por ejemplo, soñar que un clavo es arroja­do a la cabeza, puede producir apoplejía, etc.

 

EVÉSTRUM. - El cuerpo astral  (Doppel­gaenger) del hombre; su contraparte consciente etérea, que puede velar sobre él y avisarle de la aproximación de la muerte o de algún otro pe­ligro. Mientras más activo y consciente es el cuerpo físico respecto de las cosas externas, más aturdido se halla el cuerpo astral; el sueño del cuerpo es el despertar del Evéstrum. Durante este estado puede comunicarse con el Evestra de otras personas o con el de los muertos. Puede ir hasta cierta distancia del cuerpo físico por corto tiempo, pero si su unión con ese cuerpo se rompe, este último muere.

 

F

 

FIRMAMENTO. - Lo que permanece firme cuando el cuerpo elementario es disgregado o di­suelto. La esfera del alma del Macrocosmos y respectivamente la del Microcosmos.

 

FLAGE. - Espíritus que conocen los secretos del hombre; espíritus familiares, espíritus que se pueden ver en los espejos y revelan cosas se­cretas.

 

G

 

GAMATHEI, o GAMAHÉU. - Piedras con ca­racteres y pinturas mágicas, que poseen poderes recibidos de influencias astrales. Pueden ser he­chas por arte, o de un modo natural. Amuletos; encantos.

 

GIGANTES. - Elementales que tienen forma humana, pero de tamaño excesivo. Viven como los hombres, y son mortales, aunque invisibles bajo circunstancias ordinarias.

 

GNOMI, PYGMAEI,  CUBITALI. - Pequeños Elementales de forma humana y con poder de extenderla. Viven en el elemento de la tierra, en el interior de la superficie de la tierra, en casas y habitaciones construidas por ellos.

 

H

 

HOMÚNCULI IMAGUNCULAE. - Imágenes hechas de cera, barro, madera, etc., que son usadas en la práctica de la magia negra, brujería y hechicería, para estimular la imaginación y da­ñar a un enemigo, o para afectar a una persona ausente de una manera oculta y a distancia.

 

I

 

ILECH PRIMUM, ILEIAS, ILEADUS. - El pri­mer principio; poder primordial; causación.

 

ILECH SUPERNATURALE. - La unión de las influencias astrales superior e inferior.

 

ILECH MÁGNUM. - El poder curante especí­fico de la medicina.

 

ILECH CRÚDUM. - La combinación de un cuerpo formada de sus tres principios constitu­yentes representados por sal, azufre y mercurio, cuerpo, alma y espíritu; respectivamente, los ele­mentos de la tierra, agua y fuego.

 

ILEIADES. - El elemento del aire; el princi­pio vital.

 

ILIÁSTER. - El poder oculto de la Natura­leza, por medio del cual todas las cosas crecen y se multiplican; materia primordial; materia pri­ma; Akasha, Iliáster primus: la vida; el bálsamo de la Naturaleza; Iliáster secundus: el poder de la vida inherente en la materia. Iliáster tertius: el poder astral del hombre. Iliáster quartus: per­fección; el poder obtenido por el procedimiento místico de cuadrar el círculo.

 

IMAGINATIO. - El poder plástico del alma, producido por la conciencia activa, el deseo y la voluntad.

 

IMPRESIONES. - Efectos de una imaginación nociva, que puede dar lugar a varias afecciones corporales, enfermedades, malas conformaciones, estigmata, monstruos (labios incompletos, ace­falía, etc.), molas, marcas, etc.

 

INCUBOS y SÚCUBOS - Parásitos machos y hembras que se desarrollan de los elementos astrales del hombre o la mujer a consecuencia de una imaginación lujuriosa. 2. Formas astrales de personas muertas (Elementarios), que cons­ciente o instintivamente son atraídas a los luju­riosos, manifestando su presencia en forma tan­gible pero invisible y que tienen comercio carnal con sus víctimas. 3. Los cuerpos astrales de he­chiceros y brujas que visitan a los hombres o mujeres para fines inmorales. El Incubo es ma­cho y el Súcubo hembra.

 

K

 

KAMA LOKA. - Término oriental. Región de Deseo. La esfera-alma (tercero y cuarto prin­cipio) de la tierra - no necesariamente en la superficie de la tierra - donde los restos astrales de los muertos se corrompen y descomponen. En esta región las almas de los muertos que no son puras, viven (o conscientemente o en un estado de estupor) hasta que sus Kama rupas (cuerpos de deseo) son abandonadas por una segunda muerte, y al desintegrarse, se verifica la división de los principios superiores. Al despojarse de los principios inferiores, el espíritu, con sus afectos purificados y los poderes que pueda haber ad­quirido durante su existencia terrenal, entra otra vez al estado de Devachán. Kama Loka corres­ponde al Hades de los Griegos, y al purgatorio de la Iglesia Católica Romana. El Limbus. (Véase ELEMENTARIOS.)

 

L

 

LEFFAS. - Cuerpos astrales de las plantas. Pueden hacerse visibles de las cenizas de las plan­tas después que éstas han sido quemadas. (Véase PALINGENESIS.)

LEMURES. - Elementales del aire; Elemen­tarios de los muertos; “espíritus llamadores y golpeadores”, que producen manifestaciones fí­sicas.

 

LIMBUS (Magnus). - El mundo en conjun­to; la matriz espiritual del universo; el Caos, en que está contenido aquello de que el mundo está hecho.

 

M

 

MAGIA.   Sabiduría; la ciencia y arte de emplear conscientemente poderes invisibles (es­pirituales) para producir efectos visibles. La vo­luntad, el amor y la imaginación son poderes mágicos que todos poseen, y el que sabe cómo desarrollarlos y usarlos consciente y eficazmente es un mago. El que los usa para fines buenos practica la magia blanca. El que los usa para fines egoístas o malos es un mago negro, Paracelso usa la palabra Magia significando el poder más elevado del espíritu humano para go­bernar todas las influencias inferiores con el ob­jeto de hacer bien. El acto de emplear poderes invisibles para malos fines, lo llama él Nectro­mancia, porque los Elementarios de los muertos son con frecuencia usados como médiums para transmitir influencias malas. La Hechicería no es Magia, sino que se halla en la misma relación con la Magia como las tinieblas con la luz. La Hechicería trata de las fuerzas del alma animal; pero la Magia del poder supremo del espíritu.

 

MACROCOSMOS. - El Universo; el gran mundo, incluyendo todas las cosas visibles e in­visibles.

 

MAGISTÉRIUM. - La virtud medicinal de las substancias medicinales, conservadas en un ve­hículo.

 

MANGONARIA. - Poder mágico por el cual los cuerpos pesados pueden ser levantados sin gran esfuerzo físico; suspensión mágica; levita­ción. Usualmente esto se verifica cambiando la polaridad de aquellos respecto a la atracción (gravedad) de la tierra.

 

MATRICES. -Los vehículos de las cosas; ba­ses elementarias.

 

MELOSINAE.-Espíritus elementales del agua, que se aparecen usualmente en forma de mujer, pero que pueden también tomar la forma de pe­ces o serpientes. Tienen alma, pero no principio espiritual; pero pueden obtenerlo entrando en unión con el hombre.  (El cuarto principio uniéndose con el quinto.) La forma humana es su verdadera forma: sus formas animales las to­man prestadas. Son llamados también Ondinas.

 

MICROCOSMOS.-El pequeño mundo. Usual­mente es aplicado al Hombre. Un mundo más pequeño es un microcosmos si se compara con uno más grande. Nuestro Sistema Solar es un Microcosmos en comparación del Universo, y un Macrocosmos si se compara con la Tierra. El hombre es un Microcosmo si es comparado con un átomo de materia. Un átomo de materia es un Microcosmos, porque en él están todas las po­tencialidades de que un Macrocosmo puede des­arrollarse si las condiciones son favorables. Toda cosa contenida en un Microcosmo en estado de desarrollo está contenido en el Microcosmos en germen.

 

MONSTRA. -Seres no naturales - general­mente invisibles - que pueden provenir de la corrupción o de una unión sexual contranatu­ral, de la putrefacción (astral) del esperma, o de los efectos de una imaginación mórbida. To­das estas y semejantes cosas pueden pasar del es­tado simplemente subjetivo al estado objetivo; porque "objetivo" y "subjetivo" son términos relativos, y se refieren más bien a nuestra capa­cidad para percibirlos, que a cualidades esencia­les suyas propias. Lo que puede ser meramente subjetivo para una persona que esté en un estado de existencia, puede ser completamente objetivo para otra que esté en otro estado; por ejemplo, en el delirium tremens, la locura, las alucinaciones subjetivas le parecen objetivas al paciente; mientras que durante nuestro sueño todo lo que nos parecía ser objetivo en nuestro estado de vigilia desaparece y cesa de ser objeti­vo para nuestra conciencia.

 


MUMIA. - La esencia de vida contenida en algún vehículo. (Jiva, Vitalidad, uniéndose a alguna sustancia material.) Las partes de los cuerpos humano, animal o vegetal, si son sepa­radas del organismo, retienen su poder vital y su acción específica por algún tiempo, como está probado por la trasplantación de la piel, vacu­nación, envenenamiento por infección de cadá­veres, anatomía de heridas, infección por úlceras, etc. (Las bacterias son estos vehículos de vida.) La sangre, los excrementos, etc., pueden conte­ner vitalidad por algún tiempo después que han salido del organismo, y puede existir todavía al­guna simpatía entre tales substancias y la vita­lidad del organismo; y obrando en aquéllas, el último puede ser afectado.

 


MISTÉRIUM MÁGNUM. - Materia original; la materia de todas las cosas; la última esencia; esencialidad de la naturaleza interior; cualidad específica de la parte semi-material de las cosas. Todas las formas vienen originalmente del Mys­térium Mágnum y todas vuelven a él al fin; el Parabrahman de los Vedantinos. Según Jacob Boehme, el Mystérium Mágnum es Dios. “Dios es lo más secreto y también lo más revelado”. La oscuridad está ante los ojos, pero la angustia que hay en ella es incomprensible a menos que la voluntad entre en ella y entonces será sentida y experimentada si la voluntad pierde su luz." (Cuarenta Preguntas, I, 51.) "Los que hallen el Mystérium Mágnum sabrán lo que es; pero para el ateo es incomprensible, porque no quiere ni desea comprenderlo. Está aprisionado por la esencia terrestre hasta el grado de no poder atraer la voluntad al misterio de Dios." (Cua­renta Preguntas, XVII, 13.)

 

N

 

NECROCÓMICA. -Visiones de sucesos futu­ros en el aire.

 

NECROMANCIA. -Hechicería;  brujería,  el arte de emplear los Elementarios inconscientes de los muertos infundiéndoles vida y empleán­dolos para malos fines.

 

NECTROMANTIA. -La percepción de lo in­terior (el alma) de las cosas; psicometría, clari­videncia.

 

NENUFARENI. -Elementales del aire. Sílfi­des.

 

NYMPHAE. - Elementales de las plantas del agua.

 

O

 

OCULTISMO. - La ciencia que trata de las cosas que están fuera de la percepción sensual y son generalmente poco conocidas. Trata espe­cialmente de los efectos que no pueden ser ex­plicados por las leyes de la Naturaleza univer­salmente conocidas, pero cuyas causas son toda­vía un misterio para los que no han penetrado bastante profundo en los secretos de la Natura­leza para comprenderlos correctamente. Lo que puede ser oculto para una persona puede ser per­fectamente comprensible para otra. Mientras más se desarrolle la espiritualidad e inteligencia de un hombre, más se liberta de las atracciones de los sentidos; mientras más crezca y se ensan­che su poder perceptivo, menos oculto le pare­cerá el proceder de la Naturaleza. Lo oculto es de hecho lo que está fuera del poder de los sen­tidos externos para percibirlo; pero que es per­fectamente perceptible y comprensible para la inteligencia interior espiritual, después que los sentidos interiores del hombre se han desplega­do y héchose activos.

 

P

 

PALINGENESIS. -"Si una cosa pierde su sustancia material, la forma invisible queda sin embargo en la luz de la Naturaleza (la luz astral); y si podemos revestir esa forma con ma­teria visible, podemos hacerla visible otra vez. Toda materia está compuesta de tres elementos: azufre, mercurio y sal. Por medios alquímicos podemos crear una atracción magnética en la forma astral, de modo que pueda atraer de los elementos (el Akasha) los principios que poseía antes de su modificación, e incorporarlos y ha­cerla visible otra vez." (“De Resuscitatió­nibus”.)

 

PENATES o PENNATES, LARES HERCII, ETE­SII MEILICHII. -Espíritus de los elementos del fuego, también como diablillos, duendes, etc., apegados a lugares particulares, casas frecuentadas, etc. Pueden producir ruidos “manifestaciones físicas", arrojar piedras, etc. Lo que existe visible y tangiblemente para nosotros en el mun­do material, existe también visible y tangible-mente en el "firmamento (el mundo de la men­te) de los espíritus elementales de la naturale­za." (Meteórum, Cap. IV.)

 

PENTÁCULA. -Placas de metal que tienen grabados o escritos símbolos mágicos. Son usa­das como amuletos, encantos, etc., contra las en­fermedades causadas por malas influencias as­trales.

 

PHANTASMATA. - Creaciones del pensamien­to; "espíritus" que viven en lugares solitarios (pueden ser producidos por la imaginación del hombre y se pueden comunicar con él); alucina­ciones.

 

PRESÁGIUM. - Agüero,  signos de sucesos futuros. Lo que se verifica en el mundo de los efectos existe en el mundo de las causas y puede, bajo ciertas circunstancias, ser revelado aún antes que entre al plano de los efectos.

 

PYCMAEI - Espíritus de los Elementos de la Tierra; son el producto de un proceso de ac­tividad orgánica, que se verifica en este elemen­to, por el cual tales formas pueden ser engendradas. Son enanos y seres enteramente microscópi­cos, que siempre están en guerra con los Gno­mos.

 

R

 

RUPA. - Término oriental. Forma Kama Rupa; forma causada por el deseo. Mayavi Ru­pa: forma ilusoria causada por la voluntad y la imaginación de una persona que consciente­mente proyecta su propio reflejo astral, como el de cualquier otra forma.

 

S

 

SAGANI. - Elementales o espíritus de la Na­turaleza.

 

SALAMANDRI. - Salamandras; espíritus que viven en el elemento del fuego.

 

SCAIOLAE. - Poderes espirituales, cualida­des, virtudes, que dependen de la cualidad y cantidad de los elementos que los producen. Ta­les poderes son el pensamiento, el amor, el odio, la imaginación, la esperanza, el temor, etc.

 

SOMNIA. – l. Sueños. 2. Las influencias in­visibles astrales que una persona puede ejercer sobre otra en su sueño. Una persona puede de este modo hacer que otra sueñe lo que él quiera que perciba; o los cuerpos astrales de los vivos pueden ser impresionados para que hagan pro­mesa de practicar ciertas cosas al despertar, y entonces cumplirán la promesa cuando despier­ten.

 

SPÍRITU. - Este término es usado muy in­distintamente, hecho que puede causar gran con­fusión. En su verdadera significación, espíritu es una unidad, un poder viviente universal, el origen de toda vida; pero la palabra espíritu y espíritus es también usada con mucha frecuencia para significar cosas invisibles, pero sin embar­go substanciales - las formas, figuras y esen­cias, elementales y elementarios, sombras, espec­tros, apariciones, ángeles y diablos. - Espíritu significa voluntad consciente, y bajo este aspec­to toda cosa es la expresión de su propio espí­ritu que mora en el interior; pero el espíritu sin organización o sustancia no tiene individuali­dad y es como un soplo. Sólo después que el es­píritu se ha organizado como ser substancial dentro de una forma viviente puede existir como ser individual.

 

SPIRITUS VITAE. - La fuerza vital; un prin­cipio tomado de los elementos de todo lo que vive como alimento, o que puede ser impartido por magnetismo

 

SPIRITUS ANIMALIS. - Poder astral, por el cual la voluntad de los principios superiores en el hombre es ejecutada en el plano sensual y ma­terial; los instintos.

 

SYLPHES. - Elementales que residen en las regiones montañosas (no en el aire).

 

SYLVESTRES. - Elementales que residen en los bosques; los Dusii de San Agustín; faunos.

 

SYRENES. - Elementales que cantan. Melu­sinae; son atraídos a las aguas y con frecuencia viven en ellas; mitad mujeres, mitad pescados.

 

T

 

TEOSOPHIA. - Conocimiento propio divi­no. La verdadera inteligencia. Sabiduría suprema, adquirida por experiencia práctica, por lo cual eminentemente se distingue de la simple filosofía especulativa. La Teosofía no es algún nuevo credo ni un sistema de filosofía; tampoco puede ser enseñada por una persona a otra. No es un conocimiento referente a alguna cosa ex­terna, sino el conocimiento propio del espíritu despertado en el hombre; esto es, el conoci­miento por el que el dios que está en el hombre sabe que lo es.

 

TRARAMES. - Un poder invisible que pue­de comunicarse con el hombre por medio de sonidos, voces, sonido de campanas, ruidos, etc.

 

U

 

UMBRÁTILES. - Sombras; apariciones astra­les que se hacen visibles y algunas veces tangibles (forma de manifestaciones modernas espiritis­tas); el Scin-lecca, o espectro, o el Doppel­gaenger alemán de una persona. Pueden hacerse visibles atrayendo elementos materiales etéreos del cuerpo de un médium, o cualquier otra per­sona en quien haya poca cohesión de sus ele­mentos inferiores a consecuencia de alguna en­fermedad, a causa de peculiaridades heredadas de su organización; o también pueden ser atraí­das por los médiums de la atmósfera, y si se impidiera que esa vida volviera al médium, éste quedaría paralizado o muerto.

 

V

 

VAMPIROS. - Formas astrales que viven a expensas de las personas de quienes extraen vita­lidad y fuerza. Pueden ser los cuerpos astrales de personas vivas o de las que han muerto, pero que todavía se aferran a sus cuerpos físicos que se hallan en la sepultura, tratando de conservar­los con el alimento que extraen de los vivos y de este modo prolongar su propia existencia. Tales casos son especialmente bien conocidos en el sudeste de Europa - Moldavia, Servia, Rusia, etcétera. - (Vourdalach). La clave para com­prender la naturaleza de los vampiros es que la esfera sensitiva del hombre, de la cual el cuer­po visible es, por decirlo así, nada más que la almendra del fruto, se extiende mucho más allá de los límites del cuerpo; pero un cambio mutuo constante se verifica entre los dos. Por consi­guiente, el cuerpo del muerto en quien todavía existe un resto de la vida astral, puede vampirizar a los vivos, y todavía más, esto se puede verificar entre los mismos vivos.

 

X

 

XENI NEPHIDEL. - Espíritus elementales que dan a los hombres poderes ocultos sobre la ma­teria visible y se alimentan de sus cerebros, ha­ciéndolos por esto con frecuencia locos. Un gran número de médiums de efectos físicos se han vuelto locos.

 

Y

 

YLIÁSTER. - Materia primordial de la cual ha sido formado el universo en el principio del tiempo.

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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